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16 de noviembre 2006 - 00:00

"Cuando nos mudamos acá ni los taxistas conocían el barrio"

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«Pensar que hoy se habla de más de siete mil habitantes en Puerto Madero y que el año que viene esa cifra se duplicará me resulta increíble», cuenta Silvia Cano de Bauza, que el 2 de enero de 2001 se convirtió en la primera habitante de Puerto Madero, cuando ocupó, junto con su hijo Allan, un dos ambientes en el Edificio Terrazas. «Compramos desde el pozo a mediados del '99 y pagamos 1.500 dólares el metro cuadrado», una cifra considerablemente menor que las que se manejan en la actualidad, con un piso de 2.000 dólares y un techo que pocos se atreven a confesar, pero que alcanzaría los 4.000 dólares el m2 en el caso de los emprendimientos de Allan Faena.

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«Recuerdo que ni siquiera los taxistas conocían el lugar. No había un solo kiosco; una panadería. Tenía que caminar más de diez cuadras para comprar cualquier cosa», cuenta Cano, quien aclara que en aquella época sólo existían en la zona el Hotel Hilton, el edificio de IRSA y el Terrazas. Hoy en Puerto Madero hay más de 85 locales gastronómicos, 3 hoteles, 9 bancos, 5 farmacias, 7 locales de venta de ropa, 3 locutorios, 2 peluquerías, 6 inmobiliarias, 1 joyería, 2 agencias de remises, 1 veterinaria, 2 agencias de alquiler de automóviles, 1 tintorería, 1 video club y 3 heladerías, entre otros tantos locales de servicios.

«Vivimos varios años en Tierra del Fuego y en Pico Truncado (Santa Cruz), y cuando decidimos venir a Buenos Aires pensamos en Recoleta, Palermo o Belgrano, pero nos enteramos por un sobrino que en Puerto Madero estaban construyendo y no dudamos. A juzgar por los resultados le puedo asegurar que no nos equivocamos.»

  • Ventajas

  • A la hora de hablar sobre las ventajas del lugar, Cano menciona su ubicación, sus buenos accesos, la planificación de su entorno con gran espacio de áreas verdes, pero no duda y pone a la seguridad en lo más alto del podio: «No tiene comparación con ninguna zona de la Capital Federal. Acá se puede salir a la calle relajado, sin miedo». Al igual que la mujer, ama de casa, de 54 años, la coincidencia de los operadores inmobiliarios y residentes en general es unánime: por un lado, una gran cantidad de hombres de Prefectura patrullando la zona. Por otro, el hecho de que el lugar sea considerado una especie de «isla», con apenas cinco salidas (puentes) y por último, la propia seguridad que brindan los complejos en sí, con custodios durante las 24 horas en la totalidad de los emprendimientos realizados.

    «A mí me ponen una clínica y un supermercado (se va a construir uno en el Dique 1) y no me mueven más de acá», sentencia Cano.

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