Los presidentes Néstor Kirchner, Evo Morales, Lula da Silva y Hugo Chávez ayer en Puerto Iguazú. La cumbre fue convocada inmediatamente después que el mandatario boliviano dispusiera la nacionalización de los hidrocarburos.
Un solo dato concreto e irreversible surgió de la cumbre de ayer en Iguazú: Bolivia aumentará el precio del gas que les vende a Brasil y a la Argentina. Esta sola definición convierte a Evo Morales en el único mandatario, de los cuatro asistentes, que puede considerarse 100% victorioso. Así, el ex dirigente cocalero volvió a La Paz con dos de las promesas que hizo en la campaña electoral cumplidas en menos de una semana: nacionalizó los hidrocarburos y se aseguró un incremento en los precios del principal producto exportable que administra.
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Para este éxito, Morales contó con un padrino particular: Hugo Chávez. Con el venezolano analizó el sábado pasado en La Habana (bajo la mirada paternal del cubano Fidel Castro) la estatización de los combustibles. El caribeño sirvió también de asesor y presentador de las posiciones del boliviano durante las tres horas de debate de ayer en Iguazú. Fue también Chávez el que hizo el anuncio «para el público» en la conferencia de prensa organizada cuando terminó la reunión: Bolivia se incorporará de manera inminente al proyecto del Gasoducto del Sud, una obra que está hoy en la etapa anterior a la preliminar.
En la misma presentación, al cerrarse la cumbre, Néstor Kirchner y Luiz Inácio Lula da Silva presentaron la reunión como «la mejor en años», según el argentino, y «un paso más en la integración», para el brasileño. Todo condimentado con las frases bolivarianas clásicas del venezolano. Lo cierto es que Morales, el que menos habló en esa conferencia y más temeroso se mostró, logró todo lo que vino a buscar a Iguazú: en menos de 180 días tendrá sentados frente a él a los delegados que designen Kirchner y Lula para que la Argentina y Brasil paguen más por el gas.
Hipótesis
¿Cuánto será el incremento?, ¿Desde cuándo se aplicará? y ¿Con qué gradualidad?, son las cuestiones que Morales ahora discutirá con los dos presidentes. Mientras tanto, Brasil y la Argentina tendrán que comenzar a trabajar con la hipótesis que ya no contarán con el valor de u$s 3,40 el millón de btu en el primer caso (60% de la demanda total en el país y de casi 100% en el sur del territorio) y de u$s 3,25 en el segundo (para una demanda de 4%). No importaal boliviano que tanto Lula da Silva, primero, como Kirchner después, tengan que afrontar elecciones presidenciales. Tampoco que Brasil tenga que sufrir un serio problema de provisión de energía para su esquema productivo con esta nueva realidad. Menos que en la Argentina la decisión provoque un problema de inflación y, eventualmente, un conflicto más con Chile si se decide compensar la compra de gas boliviano con el corte en la provisión del combustible a ese país. Morales cerró su semana con la seguridad de que sus ingresos por las exportaciones de gas aumentarán en poco tiempo.
Los otros tres presidentes que llegaron ayer a Iguazú, cada uno con su argumento, también se consideraron exitosos al finalizar la cumbre.
Kirchner se presentó a sí mismo, por primera vez, como un jefe de Estado con la capacidad de organizar una reunión de presidentes regionales en conflicto; y terminar el encuentro con una foto con las manos cruzadas y sonrisas. Esto, para una personalidad relacionada más con el conflicto internacional que con la negociación y el debate de ideas, es novedoso.
Lula da Silva volvió a Brasilia con el argumento que la suba del gas será negociada y la tomará
Morales de manera unilateral. La oposición al ex sindicalista se prepara ahora para embestir violentamente para criticar su política exterior.
Finalmente, Hugo Chavez tuvo ayer otra tribuna donde pudo desplegar su verba bolivariana, presentar el proyecto del Gasoducto del Sud y criticar otra vez a los que no quieren integrarse con él en Latinoamérica.
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