Continúa siendo fascinante este inicio de milenio, pero quién iba a decir que el epicentro mundial iba a radicarse en Buenos Aires. En unas cuantas ruedas, más de 18% de aumento -tenemos datos hasta el martes, momento de escribir estos cupones-y con una rueda final que deparó hasta más de 7% en el nuevo M.AR, un indicador a la criolla que nació con el pie derecho. Porque primero partió con cierto retraso sobre el Merval «clasic» y posteriormente abrevió terreno para disputar casi a la par. Lo primero que uno debe saber en este negocio, sea inversor, operador o periodista, es que no se debe nunca discutir con el mercado. La verdad es lo que fijan los precios del minuto final de la última rueda; todo lo demás es «cháchara»... Y nosotros podemos darle toda la «cháchara» que desee, pero las pérdidas o ganancias se las va dar solamente el mercado. Y punto. Ahora bien, puede uno tener su propia conclusión acerca de los resultados y es necesario, si se piensa en función de lo bursátil, que es «adelanto puro». Se sabe qué pasó hasta el martes a las 18 -usted ya sabrá algo más a esta altura-, pero de alguna manera hay que sondear cómo vendrá la cuestión en adelante. O recorrer qué soportes argumentales se están dando para apuntalar esos saldos. Y ahí es donde se dividen las aguas de unos y otros interesados. De los que intervienen directamente, el juicio es complicado: porque el comprado le dirá que ve todo bárbaro (por eso es que está adentro, caramba). Y el vendido o abstenido replicará que no hay razones que justifiquen estos precios. Dando un par de pasos hacia atrás, sin tener intereses puestos en juego, no es sencilla tampoco la deducción sobre por qué una plaza percudida, sometida, anémica, y que no tiene siquiera referentes a quienes copiar para adjudicarles el aumento de 18% en unos días, ha salido disparada como si sus acciones fueran las más codiciadas del mundo...
¿Puede haber alguna noticia, o paquete de ellas, que vaya a surgir a superficie y dé respaldo notable a un mercado de riesgo? Es un «factor X», no lo sabemos; si aparece es que había adelantados en la nueva y obraron en consecuencia -pan de todos los días en nuestro ambiente-, pero si no hay tal novedad: ¿en qué se basó el salto dado y coronado con $ 40 millones? La baja del costo del dinero se esgrimía. Otros jugaban a que si se plancha Estados Unidos, los capitales irían a hacer su agosto a los emergentes (como si el que huyera del riesgo se fuera a pasear arriba de una cornisa). Ningún argumento, por sí, tiene el peso necesario. El cambio de ánimo, la expectativa racional, no se ve qué haya variado en el país. Hay un mercado. Vino subiendo a saltos. Y es todo lo que se sabe. Al que lo vio venir, los bolsillos lo saludan.
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