17 de enero 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

Nos hacíamos una pregunta fuera de programa bursátil, pero que hace al contexto que cuesta comprender y en el que hay que vivir: ¿qué germen habrá traído el modelo, o como se lo llame, para comprobar el absurdo de los ciudadanos litigando contra su gobierno? ¿Y su gobierno apelando fallos que favorecen a los ciudadanos? Demoníaco mecanismo donde las empresas, las verdaderas interesadas, miran el partido desde afuera -esperando el fallo para aumentar las tarifas- y en el llano se rompen los cuernos: el pueblo vs. los representantes elegidos por ese pueblo, para que los represente. Hemos llegado a tal absurdo, repetidamente por otra parte, de litigar y apelar entre nosotros mismos. Puesto como enemigos un mismo cuerpo que parece tener dos cabezas ahora, o bien un Allien que emerge de nuestro mismo pecho ¿Cómo se llegó a esto? ¿Y dónde nos puede conducir, finalmente? Acaso todo empiece a cambiar cuando se vea con actitud crítica, y no como un bien ganado, el seguir viviendo de prestado. Toda la presión que cada vez más, cada millón de dólares que vuelve a prestar, incorporó en éstos ya logró lo descripto: un gobierno apelando un fallo que suspende un aumento de tarifas, que perjudica -obviamente-a los mismos que lo llevaron al poder. Y lo insólito de todo es que esto no merece comentarios, ni parece alarmar a nadie...

Hecho el «cupón» de licencia, aunque sirve para ver en qué escenario nos insertamos, teníamos otra pregunta y que no parece tan difícil de ser contestada, donde alguien se tome la molestia de hacer el chequeo: ¿en manos de quiénes están los capitales cotizantes? ¿Cuántos inversores individuales, de los de verdad, revistan en las cuentas de Caja de Valores? No el ancianito que tiene las acciones allí olvidadas, o el que las dejó tiradas por alguna sucesión, sino el inversor móvil, aquel que representa algo en los mercados diarios.


Lo que sospechamos, con absoluta certeza diríamos, es que hay un riesgo incipiente en el movimiento alcista: y el que lleva un mercado que -como un banco- ha roto la ley de oro de su actividad: en lugar de dispersar, atomizar sus tenencias (para un banco sería el crédito), haber visto de qué modo todo se reconcentró en pocas manos muy fuertes, más allá del grupo de control. Esto potencia la exposición al riesgo ante subas importantes, así como tal vez fue el gestor del movimiento al alza: estar expuestos a que alguno, o varios, de esos poseedores fuertes -institucionales- decida inyectar las posiciones aprovechando el gran momento. El riesgo al desequilibrio del «golpe de mercado», por oposición a la acción de almas dispersas que se calzan entre sí. Y es un tema para seguirlo, tal vez mañana a todo «cupón»...

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