26 de enero 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

La primera mala nueva, de un año 2001 que trajo un enero espectacular para nuestra Bolsa. El Banco Francés, sus acciones por mejor decir, que se inscriben casi como una piedra basal del sistema accionario en el país, resultarán asimiladas dentro del actual grupo de control español, el que, a cambio, aplicará la fórmula puesta de moda del «papel por papel». El poseedor entregará los títulos del Francés, en canje percibirá láminas del banco español que detenta el control.

En verdad, resulta una «oferta de canje», aunque por costumbre se lo denomine en todas partes como «oferta de compra». La noticia se recibió con sumo agrado de parte de los que tienen intereses allí, puesto que ese mismo día se hicieron como 2,2 millones de títulos y con un aumento que llegó a pasar de 15%, para concluir en 13%. Fueron unos $ 22 millones de efectivo, casi lo mismo hizo el Francés ese día, que todo el resto de la plaza de especies locales...

Cuando hablamos de «piedra basal», al referirnos a este banco nacional, es porque arrancó en el siglo antepasado -en el XIX- y ya estaba actuando en Bolsa junto con las pocas acciones que, tímidamente, asomaban en nuestro mercado: que era el reino de la cotización de las onzas de oro, o de papeles públicos.

Las que actuaban con él se fueron perdiendo en el devenir de la historia, quedando así el Francés con la bandera fundacional en su poder. Bueno, lo que siga es letra conocida: el grupo de control asumirá 100% del capital, lo retirará de la oferta en Buenos Aires y quedará el banco español revistando en su lugar, si bien con raíz y sede en España.

Alguien, utópicamente optimista, quería tomarse de la difusión de la gacetilla apuntando que «no se aclara si lo irán a retirar de la cotización...». ¿Cómo podrá trabajar una plaza cuya totalidad de capital emitido está en poder de una sola mano? Sería bueno llegar a ver semejante «act of magic», lo que convertiría en literal aquella legendaria definición sobre Bolsa acuñada por los ingleses. Está bien que haya algún acto de magia metafórico (si bien también hemos visto en estos años varios de esos actos llevados a la práctica ante la pasividad general) pero, que se arribe a que una acción pueda cotizar, sin que haya título para transar... resultaría un acto sublime. Ideal para la mentalidad solamente jugadora y donde -en verdad- no importa demasiado qué se trance, sino el placer de comprar y vender. Lo concreto es que un pedazo grande del historial bursátil nacional está a punto de irse también, y acaso esté bien: total, casi nada queda de aquel mercado, donde el Francés hizo su historial...

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