28 de febrero 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

Cuando en el comentario que cerraba la semana jugamos una leve chanza acerca de: lo único que creció en la semana fueron la deuda externa y los dinosaurios, era una broma triste. El taxi de la deuda que, implacable, nunca para. Y los descubrimientos de fósiles en nuestro país, que cada vez rescata un espécimen más grande. Lo triste es que nada más tiende a crecer, salvo que se consideren a los de todo tipo como participantes de la exótica encuesta. La Bolsa estaba cada vez más distante de poder contestar a qué cuestión favorable se había adelantado en enero, como para generar ese 28% de aumento. Y es que por aquello del terreno ganado y del derecho adquirido, se suele olvidar que los «adelantos» en evolución resultan un cheque emitido con fecha adelantada y al que hay que levantar en su momento. El terreno ganado debe ser escriturado, o se pierde. Y no hubo escritura en febrero, no aparecieron las razones para levantar ese cheque de enero. Sabiéndose que esto no podía provenir de alguna imaginaria mejoría de balances a marzo, trimestre casi jugado y donde se continuó en plena recesión y con estacionales paradas de planta que generan, de por sí, cargas a los resultados. Nada intrínseco a lo bursátil podía estar dentro de lo imaginado en enero. Debía ser del escenario mayor.

Se había generado un cordón curioso en las primeras semanas del año, donde un coro de ángeles se encargaba de difundir por todo medio que: «Las condiciones en el mundo se presentan a favor de nosotros». Acaso por allí haya que encontrar un causal de semejante euforia. Pero, ya en febrero los ángeles fueron desertando y tibiamente anunciando que ese entorno no era tan bello como se suponía. Si la historia viene por allí, menudo problema se tendrá para asistir a la tendencia y sostenerla. De hecho, una parte de lo ganado se quedó por el camino, a medida que iban desertando las señales consideradas positivas y quedaban en escena las otras.


Las de costumbre. Y el termómetro de los conflictos haciéndose insoportables. Entre políticos, entre sectores sociales, entre sector y gobierno. Al tiempo que los datos diarios sobre «inseguridad» alcanzaban una densidad que aterra.


Una sociedad de unos contra otros, de todos contra todos, un pésimo abono para un mercado de riesgo y también para un país que debe destrabar sus engranajes de una buena vez.


Si alguien lee nuestros diarios de estos dos meses, no podrá creer que le digan que en enero el mercado rozó 30 por ciento de utilidad promedio. En realidad, hay algunos de los «peces gordos» que ya han descreído, y se evidencian ágiles en la salida: poniendo de relieve el otro gran drama de un mercado sujeto a escasos concursantes.

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