2 de marzo 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

... «Comprar ovejas y vender ciervos», la simple -pero contundente- fórmula que diera el legendario Barón Rotschild cuando le preguntaban el secreto de su fortuna. Si se aplicaba la fórmula en estos meses, podía suceder este raro fenómeno de mutación de especies. Comprando las «ovejas» de fines de 2000, se podían vender bellísimos «ciervos» al terminar enero de 2001. Pero también se podían comprar los «ciervos» de enero, para casi terminar a finales de febrero... en aquellas «ovejas» de 2000. Una pirámide casi perfecta, en dos meses, y los inversores que se repartieron premios y castigos, según el olfato que pusieran en la lucha. Agraciado el que se sirvió del plato de enero. Pobre del que quiso entrar en ese final de mes, para seguirla en febrero, y debió digerirse el menú amargo del viaje de vuelta.

Se podrá decir, con razón, «esto es Bolsa». Pero, no queda mal agregar que en la Bolsa de estos perfiles actuales, el mix entre lo que es inversión racional y puro azar, ve aumentar el segundo elemento de manera alarmante. Y no hay solución a la vista, porque se estará en manos de pocos que definen la tendencia y de golpes de mercado que pueden sobrevenir con razones a la vista, o sin ellas. La entrada avasallante, para que todo trepe, y la salida feroz haciendo la diferencia.

Se pueden buscar fundamentos para lo de enero y febrero, acoplando las novedades a los resultados. Siempre se pueden encontrar esos argumentos y darles la ponderación que el interesado en demostrar desee.


Unos hablarán de Turquía, otros mencionarán a Pou, un tercero mencionará a Alan Greenspan, y así se pueden enhebrar muchas otras de las tantas noticias surtidas que pueblan los medios.


Pero, haya argumentos buenos o malos, la exposición al riesgo de nuestra plaza de tan pocos participantes individuales nos tendrá siempre en la cornisa.Y el golpe de mercado podrá aparecer cuando menos, racionalmente, se lo puede aguardar. O generarse un quiebre aunque aparezcan, racionalmente, razones para otra cosa.


Cómo romper el cerco y volver a una atomización mucho más saludable de los capitales es una encrucijada que nos preocupa, porque no vemos la salida. No se trata de nada ilegal, no se puede propender a que la acumulación se disperse por decreto, y solamente los hechos naturales deberían, con el tiempo, y con suerte, hacer que las acciones estén distribuidas en segmentos institucionales, pero también populares.


El comienzo del ejercicio 2001 ya puso a todo el mundo en autos de que va a resultar, cuanto menos, peligroso. Proclive a que uno compre ovejas, venda ciervos, o se quede ensartado en los cuernos del ciervo. O que aparezca un león importado y se trague al ciervo, a la oveja. Y... a uno.

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