17 de marzo 2001 - 00:00

Cupones bursátiles

Pasamos detrás de la frontera: estos «cupones» están hechos desde «antes de», pero aparecen «después de»; usted obra en poder de las novedades más pesadas de la semana; nosotros, no. Así que vaya disculpándonos por estar fuera de la caldera, prescindir de lo que debe gobernar la mañana de este día lunes. Ni siquiera nos animamos a precisar qué es lo que estará usted tratando, porque el ambiente estaba tan caldeado el miércoles que había que empezar por desmentir la renuncia del ministro -o ministros-, volver a disipar el hecho de los feriados... Pero ¿sabe qué?, no somos como Ostuni, que se enoja tanto por los rumores, porque cuando empezó el «runrún» sobre Machinea: sabemos en qué terminó. Y aquí volvemos a acordarnos de Borges y de su definición sobre la hipocresía argentina: «Lo importante no es que las cosas sucedan. Lo importante es que no se sepan...». Y ésta parece ser siempre la premisa -en especial, de los políticos, que se tiran de los pelos por las filtraciones y no por los hechos que transportan las mismas-. Así sucedió con el tema del Senado, donde la desesperación era saber quién había hecho la lista de nombres: más que profundizar el asunto. El encono hacia los «buchones» resulta mucho más sólido que hacia posibles culpables. Una norma que no se quiebra.

Entre paréntesis, la nueva eclosión de cada tema ayuda al anterior. Y hoy ya nadie habla de los señores senadores, reemplazados por el «lavado». Pero esto perdió vigencia ante la renuncia de Machinea. Acumulamos causas inconclusas, barremos bajo la alfombra y, después, nos damos el lujo de amonestar a la población por su falta de actitud para el consumo y el endeudamiento. «Es una cuestión de malhumor...», decían otros y repetía Machinea, convencido de la reactivación en marzo. Con lo cual, se confirma el enorme abismo que separa a los funcionarios de la sensación de la calle. Silenciosamente, la gente se devoró a un ministro, y con la más simple de las fórmulas: por no hacer nada. Por no reaccionar a ningún estímulo dudoso, por haber llegado al punto del «ver para creer.Y de lo que vea, creer sólo la mitad». Es una receta del receloso cacique indio (que tenía razón para desconfiar del hombre blanco).


A esta altura estamos viendo al representante del Fondo, mientras pide «tomar las riendas y dar un golpe de timón...». Pero esto no lo decían mientras estuvo Machinea, y no hace tanto que vinieron. ¿Qué les pasa, también se mueven sobre los efectos? Juegan con el resultado puesto, y pedir golpe de timón ahora es irrespetuoso: porque ellos aprobaron todo lo anterior. A menos que se crea que Machinea hizo un desastre, en una semana. Pobre José Luis, lo tiraron a los leones.Y De la Rúa lo terminó de aniquilar al decir que: «Ahora, tengo un equipo de lujo»...


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