Quiere que hablemos de Bolsa? ¿De nuestra Bolsa? No es posible hacerlo en serio, es nuestra opinión, adeptos -como somos-a ver primero el volumen y después lo que derive de esto. Si usted quiere, podríamos hablar de un «juego» llamado Bolsa, que es donde entra de lleno y de manera protagónica la diferencia de cotización del día. Comprar aquí, vender allá, calzar las órdenes, jugar con las diferencias entre hacer algo al inicio y darlo vuelta en el cierre. En fin, todo lo que parezca más el barco que está fondeado en Puerto Madero que un recinto de inversiones. De esto no hay. No existe la inversión de ningún tipo en estos momentos, mucho menos la de acumulación. Con los Fondos Pensión exhaustos de comerse bonos del Estado -¡y los que se van a tener que comer con Cavallo!-, con cada vez menos dinero en el circuito, de donde se extraerán los $ 3.500 millones de cheques con que cuenta el ministro. El ambiente local no existe para pensar en mercado de riesgo. Es una realidad que venía de hace tiempo, pero que ahora no deja ni caer las gotas de la canilla.
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¿Y de afuera?... ¿y qué quiere desde afuera, si a diario el principal mentor económico -también sus laderosles dedica varios párrafos a caricaturizar a los que operan en el mercado? No puede pretenderse que alguien venga a querer ayudar, cuando se lo desafía y denuesta, no una vez, casi como una campaña sistemática. Bueno, pero visto ciertos del ministro en sus apreciaciones y enemistades (léase, Cavallo-Ibarra, o ahora Cavallo-Pou) cualquier día de éstos les muestra su aprecio a «los muchachos» de la computadora y la situación se suaviza. Estamos en manos de un remolino de amores y de odios, de exceso de palabras y poca mesura pensando en los cargos que se desempe-ñan. Ejemplo: desde una columna como ésta, podemos llamar «Curro's Brothers» y bautizarlos hace diez años, a los mismos que ahora tocó Cavallo, pero nadie se va a preocupar por nuestra columna, no plantea desafíos de ninguna índole y --fundamentalmente-no precisamos de ellos, si es que se ofenden. En el caso del ministro, los precisa, ahora o más tarde, y tiene un país detrás por quien es responsable. Ya van varias campañas en que se ha enfrascado y esto solamente puede generar aislamientos peligrosos y facturas que -alguna vezle van a pasar a cobrar. Gran parte de una Bolsa como la de ahora, la de los siete u ocho millones, es un sedimento de la audacia sin límites. De no poseer el mínimo sentido de la oportunidad y de una vocación de hacer enemigos: cuando se precisan, desesperadamente, amigos. Todos los días, no falla uno, se agrega algo más al paquete lleno de nudos que está armando una conducción que quiere estar de modo permanente bajo las luces de las cámaras. Y usted desea que hablemos de una Bolsa...
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