21 de abril 2001 - 00:00

Cupones bursátiles

Esto ya es una locura. Todos los días hay que estar tratando de desatar una madeja, mientras el equipo económico sigue en su cruzada contra los hacedores de mercado e intentan aparecer de víctimas, cuando son ellos los que van al ataque de modo sistemático. Cavallo extendió sus apreciaciones y las va llevando por el mundo, no perdió ocasión en Londres y también mandó de paseo a los operadores de aquella City, sumando el más fabuloso ejército de enemigos que a uno se le pudiera ocurrir. Solamente Custer, con los indios, puede equipararlo en eso de unir a las tribus en contra de la Argentina, con alucinante entusiasmo. Ese jueves, De la Rúa se sumó en otra de sus entregas periódicas -y fallidas-instalando el «desmentir la renuncia de Cavallo». Mientras ellos se entretenían en la dialéctica, el índice del riesgo-país tomaba temperatura y se instalaba casi como en los peores momentos del final de Machinea. Y esto, obviamente, irrita cada vez más a quienes no advierten que están dando vueltas y mordiéndose la cola, pero arrastrando tras de sí a toda una Nación. En medio de esto, como postre, metió en un lío otra vez al Presidente al tirarse de punta con el Mercosur y exponiendo a una lacerante expresión de Cardoso, sobre averiguar quién es el que gobierna en el país. Repasando todo esto, no se lo puede creer como que esté sucediendo. Y menos que se lo tome con naturalidad y no se implemente un tapón político sobre la boca del ministro.

No hay espacio para tomar posición en favor de Cavallo, no se está arreglando lo que estaba mal.Y se desarregla lo que todavía dormía pacíficamente. En lugar de aquietarse las aguas, se sublevan hasta las que estaban en su cauce. Y sin olvidar el tema con el Central, de reemplazar pesos por «papelitos» pintados, bajando la calidad de los respaldos. Y cuando alguien se pelea con un vecino del consorcio, puede que le demos la razón porque es nuestro conocido. Pero, si se pelea con todos los vecinos, algo debe estar mal en nuestro amigo. Es así. Y es lo que está pasando. Lo único que nos faltaba para seguir caminando arriba de la cornisa, un trapecista haciendo pruebas, desafiando al peligro de modo irracional: el drama es que nos tiene tomados de la mano, dependemos de que las piruetas no lo hagan caer de la cornisa. El mercado, en ese jueves, devolvía lo subido el miércoles y que se sabía que era solamente derivado de la fiesta de Wall Street. En tanto, para completar éste circo, la Bolsa seguía entregando volúmenes unidos y se oía todo tipo de disparates sobre los negocios en nuestro mercado. La verdad, estamos en una zona que no puede ser verdad. Pero, lo es.

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