Es admirable, y hasta difícil de creer si es que no estuvieron los testimonios, comprobar el enorme paralelismo que conllevan nuestras dos grandes crisis. La actual, y la de 1890, que presentan un terrible pronóstico para los ciudadanos argentinos que vayan llegando a finales de este nuevo siglo iniciado: si se repite la historia, entrarán en una densa zona de crisis (suponiendo, claro, que todavía haya Argentina dentro de unos noventa y pico de años...).
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La primera llegó antes, pero la actual se introduce más, y más allá de subjetividades podría decirse que aquello tocaba fondos más profundos en lo económico, para lo que baste decir que de $/oro 54 millones de reservas... el país había quedado con sólo 70 mil pesos por toda caja. Había inflación fuerte, que ahora no la hay, la moneda se había depreciado en 70% durante la primera parte de la gestión de Juárez Celman, y todo el desbarranque le costó una llamada Revolución del Parque que lo depuso faltando dos años para culminar su mandato y vio en su lugar a un hombre joven, de sólo 44 años, apodado «El Gringo», por su ascendencia paterna y materna que provenía de ingleses y franceses, y se llamaba Carlos Pellegrini. Para animarse a asumir y completar esos dos años, convocó a una reunión de prominentes hombres de la Bolsa y del comercio porteño (eran épocas donde la Bolsa corría con todo el peso y su presencia era vital) solicitando que se reunieran fondos para dar los primeros pasos... o se negaba a tomar el cargo. Y se hizo. Pellegrini encarrilló la cuestión, atravesó la tormenta, vio dos recaídas más de la crisis, puso en vigencia esa «convertibilidad» que -dice-inspiró a Cavallo y tuvo el raro designio de comerse todas las feas, sin poder gozar de la salida de la crisis y el repunte. Porque sólo cubrió ese período. La Argentina salió de eso con todo, hasta 1914 llegó a crecer a tasa el doble que la europea, ¡y más todavía que el mismísimo Estados Unidos! Se bajaron sueldos a la administración pública, se crearon impuestos y se subieron otros, pero...
...Siendo aquello mucho más profundo, en lo económico, seguramente que era mucho más rico en espíritu y de ganas de salir y crecer. Un siglo más allá, con moneda sin devaluar, con altas reservas, con sistema bancario entero (en 1890 hubo caída de los bancos más grandes) y sin inflación, estamos viviendo una etapa que parece más difícil de doblegar: y la respuesta quizá provenga de que las que están fundidas son las propias reservas de los argentinos. Más la carencia del talento, brillantez, vocación de argentinismo que se advierte arriba. Una sociedad fraccionada, a punto de chocar entre sí por los mendrugos que quedan, seriamente hipotecada y con acreedores mucho más hostiles, de un mundo más hostil. Vacíos de esperanzas, todo es mucho más complicado y hay que tener cuidado... Informate más
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