13 de junio 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

Muchos particulares, gran cantidad de empresas y más grave que eso -el propio país-se ven hoy en la situación lamentable que todos vemos por una razón básica que habría que rastrear dónde se inició y comenzar a trabajar para erradicarla: la cultura del endeudamiento. Una mala interpretación y que se fue distorsionando cada vez más, hasta llegar a convertir en una especie de virtud, lo que representa un instrumento delicado y para utilizarse con la debida graduación y justificación.

¿Cuándo comenzó esa falsa adoración por el vivir apalancados? ¿En qué punto se fue haciendo elogiable lo que debía resultar criticable? Difícil encontrar un monolito que diga «desde aquí», pero si vamos a una zona, se podría señalar la década del '70, la aparición de los fatales «vanas», que permitían la famosa bicicleta a favor de la inflación, las grandes fortunas hechas en el aire y simplemente comprando títulos, caucionando, comprando más, caucionando, hasta el infinito. Esto, que solamente era manejado por los más pícaros y audaces de la City porteña en sus comienzos, fue bajando a la población común, se hizo carne en el interior de las empresas. Se instalaron las «mesas de dinero» en las trastiendas, los gerentes financieros desplazaron en importancia a los de la producción. Y desde allí, todo lo demás.

No es casualidad, tampoco, que la deuda externa fuera creciendo a ritmo cada vez mayor desde esa década en más. Los ministros de Economía apelaron a pedir para cubrir baches, evitando el esfuerzo; los balances fueron mostrando que pasar de 100% del ratio endeudamiento era casi un juego alegremente ensayado. Y que también era un recurso que a nadie ponía colorado entrar en la «convocatoria», para dejar de pagar intereses. Esto, que es sólo una pintura a grandes trazos, terminó con lo que todavía hoy no se tuerce: el dar como buena noticia, como gran noticia, según los montos, que el país obtenga un «blindaje». O que, más allá, se formalice un «megacanje» que hipoteque todo futuro a tasas insoportables y multiplique los montos de la deuda.


Azuzar a la población a tomar créditos en dólares, para consumir desde la órbita oficial -instando a que la gente se endeude sin mucho razonamiento-, ha corroído toda la base. Si hay que buscar un punto de partida para enderezar nuestra triste historia presente y futura, acaso esto será cuando se reciba con luto el endeudamiento, cuando se lo lamente en lugar de festejarlo y cuando exista responsabilidad de todos para entender que vivir apalancados tiene semilla para crecer o para ir la ruina. Depende de la sensatez con que se haga. Es curioso cómo esta cultura nunca se revisa, echando más vino a la borrachera: y pasando a ésta como buena.


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