19 de septiembre 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

Mientras los brasileños ya están a un paso de poseer una relación de tres a uno, con el dólar y con el peso argentino (que es lo peor, y generalmente, se olvida), nuestro ministro de Economía sale a combatir la política de los vecinos; y el canciller, a suavizar la mano. Una característica de este gobierno, la contradicción permanente. Y es así como ni usted, ni nosotros, ni nadie que no esté bien adentro del poder sabe cuál es la opinión y posición de la Argentina ante la resbalada permanente del tipo de cambio brasileño.

Ya sabemos qué contestaron los gobernantes de al lado, en otra demostración nacionalista que por estos lares está desacostumbrada: uno no imagina a nuestros funcionarios mandando a pasear a otros, de vecinos países, como lo han hecho Cardoso y Malan con el mismísimo Cavallo. Que se la buscó, no caben dudas. Recibió lo que se merecía por ir a dar consejos, donde no se los piden, y atesorando todo el mal gusto de acusar a gobernantes de otro país de desagiarles los ingresos a sus ciudadanos. Porque una cosa es quejarse por el tipo de cambio de dos socios del Mercosur, y otra, mucho más delicada, es aconsejar que se dejen de rebajar salarios y jubilaciones con métodos tan primitivos: si total, podían haber venido a nuestro país, y Cavallo y su equipo los hubieran provisto de varias recetas alternativas, para hacer lo mismo, pero con otros artilugios y no el tan gastado de la devaluación...

Los de al lado ya no quieren dialogar con Cavallo, lo harán solamente con el de más arriba. Y no se conoce reacción de De la Rúa ante esas declaraciones: por qué si su ministro merece un respaldo, no es a través del silencio y aceptación del modo en que se lo brindan. De lo contrario, si Cavallo está complicando las relaciones bilaterales: una «tarjeta amarilla» bien se la pudo haber ganado. Pero, tampoco se sabe de esto. Lo más concreto es que Cavallo sabe, el Presidente sabe, todos los ministros saben y la población, en general, también sabe: que los brasileños se ríen de nosotros, en la cara, hacen lo que más les conviene. Y que la conclusión es que, a muy breve plazo, no les exportaremos ni un clavo de olor. Y ellos acentuarán los envíos ultracompetitivos, contra nuestra industria.

Una ventaja de tres por uno en el cambio es imposible de compensar por más eficiencia que se consiga. Una realidad clarita, una asociación entre un vivo y un zonzo: en tal tipo de sociedades, siempre «hay negocio» (obviamente, se sabe en favor de quién de los dos...).


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