Mientras un número de legisladores, de la bancada oficialista, se disfrazaba nuevamente de Robin Hood y utilizaba su inventiva e ingenio para diagramar nuevos impuestos (y determinaron una línea de corte, para ver quiénes caen y quiénes se salvan) a poco de andar con la idea: surgió que desde la cúpula del gobierno, esto es desestimado. Acaso se dejó flotar un poco el globo de ensayo y si no aparecían voces hacia el cielo, se lo dejaba avanzar. En caso de críticas agudas y mucho ruido mediático, dar marcha atrás tratando de poner a salvo a los máximos gobernantes y dejar como chantas a los legisladores que propugnaban los impuestos con tanto ahínco. Cuesta creer que algunos tipos se junten en alguna parte, secretamente, para pergeñar una serie de medidas como ésas, y con tanta trascendencia en sus porcentuales y cifras, sin consultar a las máximas cabezas de estos temas. Inclusive, pasando por el presidente de la Nación, antes de darlo a la difusión pública. Pero, como de sapos vivos estamos empachados, hay que tratar de digerir este también y acusar a una asociación de legisladores oficialistas por ideas febriles, en estos precisos momentos del país... Así, conviven en nuestros diarios páginas hablando de subas en los impuestos, de creación de nuevas normas, junto con el festival de bonos, más las precisiones sobre amplias moratorias para ver si se consiguen ciertos fondos que vienen menguando. Todo junto, como en el tango «Cambalache», se lo ve al viejo sable sin remache hiriendo a una Biblia, todos los días...
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Hay un clima de «volatilidad» en nuestra sociedad, para decirlo como les gusta en el ambiente, que en verdad resulta de «dispersión» -como debe llamarse-y que sintetiza: el modo en que las figuras gobernantes de todos los segmentos, se apartan del promedio. Las pavadas se van aumentando de modo geométrico, la lista de inconcebibles aún para las mentes más febriles, se engrosa a diario. No vale ni la pena discutir, si se propone un aumento para la actividad bursátil aduciendo «cómo ha crecido en la última década...» Solamente viendo los verdaderos actos de remate de acciones del mercado, que gracias a que fueron absorbidas por la entidad no están hoy en valores ridículos, se tiene una idea para juzgar si es negocio el trabajar hoy de intermediario. Imaginar a los bursátiles como parte de la crema adinerada de la Nación, es la vieja leyenda que fue verdad a inicios del siglo pasado y se fue desdibujando con el correr de las décadas. No hay más dobles apellidos, ni gente con galera y levita asistiendo a las ruedas. (Avísenle, por favor, a nuestros fantásticos legisladores, buscadores de algún bolsillo a quien poderle --todavía-meterle la mano. ¡Bárbaros!)
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