Repasando viejas páginas, de las que alguna vez nos atrevimos a escribir y darles forma de libro, de aquello que se llamó «Claves de la Bolsa» -1990- nos detuvimos en estos pasajes... el capítulo III, que habla de «táctica y estrategia». Mediocre la obra, solamente alcanza justificación en el escenario donde se desenvolvió durante algún tiempo, un mercado nacional que vino de caída en caída. Estos párrafos escogidos nos sonaron a interesantes, porque pretenden englobar a esa tremenda inversión, a toda esa explosión dinámica, en los conceptos mencionados. Si partimos de «Táctica», recordemos que su definición es: el arte que enseña a poner en orden las cosas. En lo figurado, es un sistema especial que se emplea, disimulada y hábilmente, para conseguir un fin. Ahí nos detenemos, algo quedó en la red que lanzamos al agua... un sistema que se emplea de un modo disimulado y hábil -en las plazas-para lograr cerrar una operación de manera exitosa.
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Y pasamos a la «estrategia». Mucho más emparentado con lo militar, se nos dice que: es arte de proyectar y dirigir las operaciones militares, de combinar el movimiento de las tropas hasta el momento de la batalla. Los tratadistas militares hacen una síntesis, respecto de la guerra: estrategia es la ciencia, mientras que táctica es el arte. Y el trasladarlo a lo bursátil, nos agrada decir que la Bolsa es: ciencia y arte combinadas.
Los conceptos en que apoyábamos esto, en ese librillo, eran estos: «suponerla totalmente arte, sería prescindir de una serie de factores que están basados en la ciencia. Creer, por el contrario, que es una ciencia pura, nos llevará al erróneo camino de pretender que reaccionará en función de índices, fórmulas, modos totalmente rígidos y encasillados. Dependerá de la personalidad y la ambición de cada uno, para que una de las facetas se encuentre en mayor proporción que la otra. Aunque ninguna de las dos se podrá hallar nunca, en estado puro...». Acaso, le pueda ser de utilidad a un inversor actual, al menos para no quedarse atado a que el mundo de la Bolsa tiene una sola cara. Y prescinda de ser empírico o dogmático de manera decidida, cuando lo ideal es una mezcla de ciencia y arte. Del impulso y el instinto, la genialidad o la oportunidad, aprovechada por los reflejos que se traten de la cuna. Más el apoyo de mecanismos básicos que siempre funcionan del mismo modo, no importan las épocas. Un par de bromas de la actividad, locales y mundiales, recogíamos en ese libro mencionado y una de ellas, mencionaba al ocurrente barandista que en una época como ésta, decía: «no me importa. Igual, yo me hice socio por la pileta...». La síntesis aguda de quien acuñara: «Hacer una pequeña fortuna en la Bolsa es simple. Sólo hay que traer una fortuna así de grande». De todas formas, ayer, hoy y siempre, seguimos creyendo que la Bolsa es la más eficiente forma de mercado. Lo que más se acerca a la perfección.
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