27 de noviembre 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

Solamente entendiéndolo como adherente a la «eutanasia», puede algún ser razonable, que ve el agonizar de nuestra Bolsa: comprender las medidas que surcan lo legislativo y que únicamente pueden «ayudar a morir». De ningún modo se podrá salir de la agonía y pasar a una instancia mejorada, cuando días atrás apareció la propuesta para aumentar presiones impositivas sobre comisionistas -ergo, sobre los inversores-y ahora estalló la gran idea de hacer lo que Chile hizo, pero cuando estaba en neta posición ganadora. Mejor que se enteren nuestros trasnochados legisladores de que la actualidad chilena -venidos a menos, como todos en el sector latinoamericanoestá en otra actitud. Justamente, la de modificar a favor de atraer más inversores normativas que funcionaban bien cuando Chile era el gran éxito de la región y todo el mundo quería entrar.

Viene a cuento porque en la nota de nuestro diario, de Rubén Rabanal -el jueves pasado-, acerca de lo que se estaría gestando (ya modificando, también) sobre el llamado Impuesto «de emergencia» a las Ganancias, se apunta hacer una modalidad «a la chilena». Lo concreto es que hablaban de volver a retocar las reglas de juego, yendo a lo que titulan como un régimen de premios y castigos y que involucra premiar a las que reinviertan dividendos en el país y castigando a las que los giren al exterior. Lo ridículo del asunto es que creen nuestros pícaros legisladores que el único método para sacar ganancias del país pasa por un dividendo. Mejor que se enteren de otros andariveles, porque el resultado será que no enganchen a nadie, que se hagan de nuevos enemigos -todas las de capital foráneo-y que, igualmente, el capital se vaya. No sólo el de dividendos, sino también el de nuevas inversiones...

Para hacerla más completita, la nota menciona la idea de gravar «en cabeza del accionista y no de la empresa», anulando la exención de los primeros. Es todo tan confuso, además de la superposición de normas (y cuando todos se pelean aquí por inventar la idea genial, para meterles la mano en el bolsillo a los demás), que espanta ver la sucesión de tinta derramada, los proyectos que irán a tratar de sancionarse para seguir ahuyentando gente, en un país que continúa su viaje hacia la rejilla...


El paso atrás, el nuevo escalón descendido en el volumen y que se recorta perfectamente a lo largo de noviembre es otra señal de esa pérdida de sangre del organismo bursátil, que se las arregla con unos cinco millones diarios. Por eso, lo que encabezó nuestra disquisición de hoy, sobre la vocación por la «eutanasia», esa idea de ayudar a morir a pacientes terminales. Desde tal ángulo, resultaría que vean a nuestra Bolsa sin salida: y decidan ahorrarle más sufrimientos. De lo contrario, son tontos (o locos).


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