8 de febrero 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

A dos días de feriados bancarios, les suceden dos más, lo que habilita a poder pensar que bien se puede extender esto, sin más ni más. Tal como la supresión de juicios al Estado de seis meses, que se podía haber colocado en seis años (como para estar más cómodos, digamos) y sin que se confronte con ninguna oposición, al gusto y voluntad de un grupo de personas que lo determina. Nuestro país ha ido perdiendo sucesivamente el pudor de los gobernantes, y de toda la clase dirigencial, que se habituaron a la mentira sistemática, al no solicitar disculpas por sus actos de avasallamiento de normas y derechos, y de verdaderas actitudes dictatoriales, que están pintadas por fuera -como las baratijas- de un baño dorado de democracia. Estamos cada vez más dentro de sistemas donde no se gobierna, sino que se manda, donde hay directivos y dirigidos, y lo único que sucede es que el bastón de mando cambia de nombre de partido: pero, con los mismos personajes, que mutan de lugar en la mesa directiva. Todos los demás, mirar y aguantar. Afortunadamente, aquella aseveración preferida de los políticos que condenaba a la población a esperar elecciones y recién allí castigar con su voto en contra derivó en un movimiento espontáneo, que se llevó puesto al desastre de la Alianza que todavía podía tener dos años más para sembrar la destrucción. No se cambia, en absoluto, no se madura y no se aprende. Por las expresiones, se advierte que nos estamos alejando del centro de la cuestión, y que cada uno tironea del pantalón como aquel famoso anuncio de ropa de trabajo: donde el can forcejeaba con el dueño, sin la tela romperse. Hay una variante, a ese aviso histórico: aquí la prenda se está rasgando y la división nacional de la sociedad se hace más acentuada.

¿Tiene, todo esto, que ver con la Bolsa? En lo de superficie, ya se ve que ha tenido que ver y mucho: generando las vedas, las pausas de actuación más amplias de su historia. En lo profundo, se irá notando en el andar de un año con gente que ha debido variar sus métodos, sus hábitos de inversiones, que aprende aceleradamente un librillo nuevo y donde hay capítulos que promueven la anarquía de la cadena de pagos, de la desaparición del crédito, de licuados y licuadores, de toda una gran porción de la sociedad que ha visto derrumbar sus pisos y pasar a integrar los escalones de abajo: sellándose, definitivamente, la suerte de esa cámara intermedia del bienestar -«clase media»- que resultaba casi una exclusividad de nuestro país. Todo ello es muy difícil de poder asimilar, para la Bolsa resultará difícil amalgamar a las flamantes camadas y los que vengan renovados, con los que quieran aferrarse a viejas prácticas (viejas, del año pasado, claro). Que tan rápido sucede todo en nuestro país y lo que se pensaba ayer, quizás no sirva hoy. Lástima no poder decretar un feriado de «cupones», cada vez que nos dé la gana. Como hacen los ministros, ¿vio?...

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