Se terminaron ciertas costumbres, que hacían más simples las lecturas de estados contables. No tanto como los de antes de la llamada Ley de Revalúos (implementada por el equipo de Martínez de Hoz, allá por 1976). Porque previo a ello, los números «históricos» (que así se los llamó, cuando la inflación los hizo historia...) resultaban tan, pero tan sencillos, que inmediatamente ingresados a esta inversión, la mayoría de los nuevos inversores alcanzaba a interpretar -con probidad-qué decían los distintos renglones. Epocas donde lo más importante como parámetro pasaba por la relación entre el precio y el valor libros, o contable, de una acción. Porque el «price/earning», que se incorporó después de mucho tiempo -a partir de los '90- o el «precio/utilidad», no se anotaba como un ratio habitual, sino que el beneficio de una sociedad se medía contra el patrimonio neto y contra el capital emitido. Y a otra cosa. Momentos donde entrar en desgracia, era cuando se corría alguna voz diciendo del peligro de ir a «convocatoria», algo que pudo haber salvado a más de un grupo «familiar», pero que encontraba a los mayores emperrados, en que no querían pasar por tal vergüenza de un «concurso». Otra época. Otra Argentina. De las que algunos dirán que era vieja, pensando en que la transformación pasa porque se pueda hablar por un teléfono celular, o ver televisión satelital. Esa vieja Argentina, esa «vieja» encomillada, era simple-mente mucho más entendible que la actual. Y aun los gobiernos dictatoriales, como los militares, tenían mucho más cuidado que los de ahora en atropellar al ciudadano sin miramientos. (Hablando en lo que hace a lo económico, a las garantías sobre los bienes personales, a reglas y normas financieras, etc...) Después, la inflación galopante, para retornar a esos números «históricos», pero modernizados. No volvieron nunca a ser tan sencillos de interpretar, y se incorporaron usos y costumbres de medios más avanzados, que nos eran totalmente desconocidos y que -según nuestro punto de vista-no aportaron a favor de la claridad, sino en contra. No favorecieron al inversor común, sino que le dieron licencias inconcebibles al grupo de control. Pero, el asunto pasaba por decir que se terminaron ciertas costumbres.Y especial-mente la del número sin inflación, los ajustes al capital siempre repitiendo iguales, que ahora deberán acumular los descalces ya vistos y a partir de este trimestre a marzo. ¿Cuánto fue? 2,5% en enero, pero 7% calculado en febrero. Se verá esto reflejado en varios puntos del balance, la cuenta «ajuste» volverá a acumular fichas como un taxi y haciendo un reservorio de partidas, capaces de enjugar pérdidas, o repartirse y readecuar capitales. Si se habla de 40% anual, como piso, habrá que tener en cuenta esto -otra vez-al evaluar los papeles. Un trastorno más. Tras que todo está negro.
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