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Si, en cambio, se sintoniza un diálogo como el que tuvo al ministro de Economía como protagonista: la sensación es la de no salir debajo del cascote todavía, escudriñar temerosamente el terreno, dejar correr algo de tiempo y ver qué pasa. Por instantes con algo más de esperanza, en otros casos -y ante respuestas muy dubitativas- yendo un par de pasos rumbo a las valijas aquellas. Pero, esa mezcla, ese mix infernal que se nota en la clase que dirige, legisla, toma las decisiones fundamentales de una hora crítica como la actual, genera solamente incertidumbre y desconcierto. Tal como diseñar mecanismos sobre los que después se vuelve atrás, o dar argumentos que son solamente excusas para engañar niños. Informate más
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