26 de agosto 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

La senda, que ya era peligrosa, llena de curvas y con el pavimento poceado: además de todo eso, en un par de kilómetros nos presenta la duda de una «bifurcación». Las flechas indican destinos muy disímiles, nuestro cansado vehículo no puede darse el lujo de errarle al camino correcto y querer retornar, para volver y embocarla...

Así están las cosas, a unos meses de que se produzcan elecciones «primarias» en nuestro país. O que lleguemos a ese punto, en un caos ya completo. ¿Si la primera alternativa, senda bifurcada, no nos llevará al mismo lugar que la otra aunque parezcan distintas? Es una buena pregunta. Es la pregunta, diríamos. Y toda esta disquisición debería estar haciéndola el mercado de riesgo, mucho más que esta columnita del tema bursátil. No se nota. No hay jugadas a fondo con las acciones, todo lo contrario. Hay un desentenderse de las posiciones y que es la peor de las situaciones. Es como si no fuera a suceder nada de distinto, cuando -de manera inevitable- habrán de suceder hechos importantes, posiblemente definitivos de una desembocadura de cuarto de siglo de democracia mal llevada. ¿Le parece poco? En este caso, nos acordamos de los personajes que estuvieron en circunstancias extremas, de las de verdad, y sus reflexiones. Por ejemplo, nos acordamos de un Churchill diciendo: «Me niego a tener que elegir, entre el carro de bomberos y el incendio»....

Y el siguiente paso es pensar a quién adjudicar el rol de «carro de bomberos» y a quién el de «incendio». Tampoco esto, lo tenemos a la vista. La duda atroz que debe estar mortificando a muchos, a casi todos, al menos a los que están dispuestos a pensar y creer que estamos en una curva sumamente peligrosa para la Argentina como nación, es si el escenario es el que propone -globalmente- el sector de la izquierda. O si la senda apropiada atraviesa por lo que se mueve del centro, hacia la derecha: con todas las polémicas y enfrentamientos en que están sumergidos, los que poseen alguna capacidad de captar votos decisivos. En instantes donde por vez primera, en superficie por lo menos, se quiebra la concentración de solamente dos fuerzas tradicionales, hay que saber de modo urgente quién es quién y después será apropiada aplicar el argumento ingenioso de Churchill: no se puede tener que discernir nada, ni seleccionar nada, si la alternativa es: los bomberos, o el fuego. Resultaría sencillo encontrar así la salida, aunque persista esa duda también terrible: de imaginar que la aparente buena elección de camino bifurcado, se une otra vez kilómetros más adelante y estamos en la misma ruta de la curva peligrosa, del bache grosero, que nos transportaba a lo largo de un cuarto de siglo de democracia, rifada de manera sucesiva. Porque democracia no es, como muchos afirman y los políticos no se encargan de esclarecer, que haya libertad para decir lo que se quiera. Mientras los que gobiernan, hacen lo que les viene en mala gana. Fácil es saber quién pierde.

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