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Y el siguiente paso es pensar a quién adjudicar el rol de «carro de bomberos» y a quién el de «incendio». Tampoco esto, lo tenemos a la vista. La duda atroz que debe estar mortificando a muchos, a casi todos, al menos a los que están dispuestos a pensar y creer que estamos en una curva sumamente peligrosa para la Argentina como nación, es si el escenario es el que propone -globalmente- el sector de la izquierda. O si la senda apropiada atraviesa por lo que se mueve del centro, hacia la derecha: con todas las polémicas y enfrentamientos en que están sumergidos, los que poseen alguna capacidad de captar votos decisivos. En instantes donde por vez primera, en superficie por lo menos, se quiebra la concentración de solamente dos fuerzas tradicionales, hay que saber de modo urgente quién es quién y después será apropiada aplicar el argumento ingenioso de Churchill: no se puede tener que discernir nada, ni seleccionar nada, si la alternativa es: los bomberos, o el fuego. Resultaría sencillo encontrar así la salida, aunque persista esa duda también terrible: de imaginar que la aparente buena elección de camino bifurcado, se une otra vez kilómetros más adelante y estamos en la misma ruta de la curva peligrosa, del bache grosero, que nos transportaba a lo largo de un cuarto de siglo de democracia, rifada de manera sucesiva. Porque democracia no es, como muchos afirman y los políticos no se encargan de esclarecer, que haya libertad para decir lo que se quiera. Mientras los que gobiernan, hacen lo que les viene en mala gana. Fácil es saber quién pierde.



