La liviandad que trasciende, proveniente de las causas que se dan para verificar estos insólitos movimientos de altibajos en Wall Street, parece resumirse en: «Estas dos trajeron balances mejores, subamos...» A la rueda siguiente: «Uy, fulana apareció con menos de lo esperado y sigue mal, bajemos...» Y allí se encolumna el grueso de las tónicas diarias, dentro de un octubre que comenzó siendo letal y colocando en plena vigencia a los «espíritus» más añejos de los grandes desastres, para después ensayar un quinteto de ruedas alcistas, volviendo a caer y -de inmediato- recuperar otro tanto. Golpes de mercado van de tres a cuatro por ciento, para cualquiera de los lados, y que en el recinto del Dow de antes significaba un concierto de infartos. Nada parece estar acorde con los marcos y valores que prevalecieron durante buena parte de épocas pasadas, y en este tipo de escenario se mueve el capital de riesgo en el mundo. Sumando a las carteras papeles soberanos de muy dudosa solidez, buscando pimienta y ganar en la competencia por el analista más sagaz, el broker más exitoso (buscando el bonus) o ponerse a tono con los que van arriba y evitar así la segura patada en el trasero que se llevan al cabo del ejercicio...
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Hay tal mescolanza de ideas, conceptos, bases para sacar conclusiones, que un Livermore, un Morgan, o un Baruch habrían quedado como conservadores, con la pléyade de aventureros que hoy día pueblan los recintos. Buena parte de esto, derivado de los «derivados», otra parte se debe anotar en el debe de los fondos institucionales, que han acostumbrado a la gente a la ganancia fastuosa, al poder vivir de las rentas, y no se quieren bajar de un caballo ... que se murió hace un par de años. Siguen queriendo que galope, rebuscan en la lata de los argumentos más retorcidos, adjudican subas y bajas a las cuestiones más disímiles. La verdad pasa por el eterno pecado que todos los grandes operadores de la historia remarcaban: el querer obtener manteca sin batir la leche... Lamentablemente, si se pierden los estribos en las cumbres de los mercados, para los menores no queda mucho más que anotarse y -simplemente- olvidar que la Bolsa es básicamente una inversión, para manejarla como simple juego. Y dentro del bolillero puede salir cualquier cosa, convirtiéndose en lo que es hoy en todas partes: un juego que parece el más fácil, casi como jugar a color, donde se debe acertar solamente entre dos cartas -sube, o baja- y que están en la punta de un palo enjabonado. Equivocarse al tranco, no ya al galope, es casi como el pronóstico meteorológico nacional, que tira la probabilidad de lluvia de modo permanente... hasta que un día, llueve. Y eso que para los dos casos, mercados o meteorología, se cuenta con tecnologías tan sofisticadas como un satélite dando vueltas, y viendo al mundo desde arriba, o programas que le analizarán -proyectando-el posible resultado de 3.000 acciones. Jugando en tiempo real, al día con las noticias de todas partes, y sin embargo... esto es un tiro al blanco. Informate más
Dejá tu comentario