Nunca se puede estar tranquilo en octubre, al menos en lo que hace a los mercados bursátiles. Mucha bibliografía se llegó a generar al respecto, no solamente para intentar describir varios tremendos «crac» que tuvieron epicentro en Wall Street, que ante la importancia de ese centro mun-dial produjeron ondas expansivas notables. Sino que, también, intentando encontrarle explicaciones a porqué, precisamente en octubre, se producen esos vacíos en los mercados que son capaces de absorber cualquier movimiento alcista de meses -o años-en solamente unas semanas. Obviamente, tampoco en esto se llegará a una conclusión terminante, como tantos otros asuntos bursátiles a los que se quiere encontrarle «la manija» y se escurren del analista que, por lo general, cuando gana un par de batallas con sus teorías, cae en la trampa de imaginarse haber ganado la guerra contra la Bolsa y sentirse un ganador perenne. Es cuando le llega después, el sablazo que lo demuele y le hace recordar que uno no solamente es mortal --como recordaban a César los adivinos-sino que jamás deberá so-ñar con ganar en cada entrada al mundo del riesgo puro. Mantener una proporción (digamos, seis de diez) y hacer como el buen jugador de póquer: con buenas cartas procurar ganar mucho y perder poco con las malas. Es lo que ha venido destilando el elixir de los «grandes» de la Bolsa. Que un genio como Newton fuera vapuleado y que para el sistema bursátil pueda ser mucho más un Buffet que un Einstein, resultan verdades a gritos: tanto como ver al rey de los estrategas -Churchill-teniendo que pedir que lo salvara su amigo Baruch (uno de los más grandes especuladores y que se retiró a tiempo con su fortuna). En fin, cuando se trata de hacer las autopsias de los octubres, se llega a ciertas conclusiones fantasiosas, o a otras con sentido y sensatez. Pero, ninguna podrá decir que es la verdad de ese virus al que se ha traducido en «fantasmas» y que siempre suele dejar algún susto, si es que no produce una hecatombe. En el Norte, en casi todas partes -aquí mismo, se llevaba 14% arriba en una quincena-se pensó en que ya estaba la carrera ganada. Pero, las últimas ruedas forjaron un «serrucho» de diente largo, y todo resultó trabajar con el corazón en la boca. En referencia al NYSE se mencionaba que resulta por un problema estacional, relacionada con acumulaciones vendedoras para dejar el ejercicio a salvo y una detención tomadora, que aguardaba enero para volver a dispersar fichas. En medio de esto, los famosos «bonus» de los especialistas (o el telegrama de despido, si les va mal). En definitiva, existe una suerte de «triángulo de las Bermudas» bursátil y que se renueva al atravesar las aguas de octubre para las Bolsas. Es parte del colorido, lo que rodea y hace tan atractiva a una inversión donde acertar, simplemente, si «sube o baja»: es tarea de gastar sesos.
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