13 de noviembre 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

En una bien descriptiva nota de nuestro compañero Carlos Burgueño, del viernes pasado, el título menciona que: «Definen ya ajuste por inflación en empresas». Y, al parecer, no se demoraría más la surgencia de «algo» que cubra el enorme vacío legal dejado a lo largo del año. Nos comenta Burgueño que: «se asegura que hay por lo menos cinco alternativas, sobre las cuales el ministro Roberto Lavagna escogería una...». Esto resultaría por única vez, pero para reducir el Impuesto a las Ganancias de 2003, tomando en cuenta la inflación de este año. Lo de 2002 se deberá impulsar vía «proyecto de ley» y no tomarán en cuenta en el mecanismo, ni los créditos financieros, ni las deudas comerciales... Como se ve, siempre espesando el chocolate, de algo que resultaba muy sencillo en la teoría. Y de algo que ya poseía un mecanismo idóneo en su momento, utilizando durante largos lapsos inflacionarios. El popularmente conocido como: «ajuste por inflación». Pero, la nota incorpora alguna consideración más fascinante todavía, se comenta que «tanto Lavagna como el presidente Duhalde afirman que hablar de 'ajustes por inflación', generaría la idea de que hay alza de precios permanente, cuando -según la visión de Economía-la inflación está controlada». Esto, si no es una broma, se asemeja mucho. Es lo que Kipling sintetizaba en: «retorcer la verdad, para convertirla en lazo de los tontos». Que es la función que desarrollan los «pícaros». Un término benigno, claro...

Si no hay inflación, no hay posibilidad de ajuste alguno. Esto, es tan sencillo como suena. Y si se «genera la idea» de que sí existió inflación: es porque la hubo (tan clarito). Ya que Economía considera que todo está controlado, pues los índices de corrección no se moverán, a partir de recoger la porción en que se produjo efecto inflacionario. Salvo que apelando a tomar del mazo de cinco cartas, una que distorsione la realidad (porque todo lo que no sea un directo reflejo de lo sucedido, lo será) fabricando un engendro para que las empresas paguen sobre una parte
irreal de ganancias, ellos consideren que la inflación ha sido debidamente ocultada bajo la alfombra. Si se volvió a los números «históricos», después de un trayecto donde la inflación demostró que estaba eliminada, con la misma presteza se podía devolver el «ajuste» -ya sabido de memoria por todos los que deben realizar balances-y hacer que todos paguen lo que les corresponde. Las necesidades recaudatorias, la aparente certeza de que no habría más inflación por delante, no tienen nada que ver con el principio de lo que es justo.Ya existe un tramo de varios meses, con índices oficiales. Es el lapso de cubrir sin necesidad de inventar fórmulas secretas, ni llegar al ridículo de que esto llevaría a la gente a «pensar que hay inflación permanente». Notable.

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