14 de noviembre 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Una página en todos los medios, o casi todos los más populares, implicó la difusión del canje de Siderca para englobarse bajo un solo paraguas, bajo el nombre de Tenaris. Una página a la que si se le cuentan las palabras, probablemente marque algún récord en la utilización del espacio. (Y mire que la página de un diario, amigo lector, es enorme cuando hay que llenarla de letra.) Sin embargo, la tipografía debió ser de lo más reducida para poder incorporar tantos conceptos. Parece bien, en cuanto a dar la mayor difusión y ser amplio en la explicación. Pero, al mismo tiempo, lleva consigo la imagen de no resultar algo de manejo sencillo «para todo público». Y en muchas de las disposiciones tomadas se percibe que existe cantidad de cláusulas que ponen a cobijo todo lo que aquellos que lanzan el canje, los grupos de control, tienen a bien incluir para protegerse de cuanta posibilidad se presente que les pudiera jugar en contra. A tal grado de perfección se ha ido llegando con la actuación de los hábiles departamentos legales de las empresas, que colocan vallas aún donde existiere sólo una remota posibilidad de que exista una falla (o algo que no los favorezca, como mayoría). Y siempre hay que caer en lo mismo, desde lo legal seguramente que estará todo bien estudiado, aunque desde el espíritu que debe regir la oferta pública las cosas más sencillas son las que indican la mayor confiabilidad. Comenzando por las costumbres de la época, el canje, donde se establece que se entregará «X» cantidad de títulos de la que absorbe, por «X» cantidad de papeles de la asimilada. De dónde aparecen las equivalencias, pues de determinaciones unilaterales sobre las que hay que decir sí o no. Pero no es objeto de análisis, mucho menos de discusiones. Es así porque se determina que será así. Y si no le gusta...

Obviamente, solicitar que exista un solo modelo, debidamente aprobado por organismos rectores, es pedir una utopía para nuestro medio. Cada grupo armará lo que le parezca, en función de sus intereses, y se le presentará al inversor con la mesa servida. Y adobada. La suposición es que esto deberá resultar favorable, a futuro, para el que acepta canjear. Si se recorre el historial se puede encontrar que esas teorías han fallado bastante seguido. Hace poco, lo comentamos, se le frenó una operación a un
banco que tiene sede foránea porque quería realizar una suscripción a medida de sus apetencias, reservándose privilegios insólitos para el grupo de control. No fue desde la CNV de donde frenaron la intentona, pero lo que parece solamente una anécdota (y volverán a la carga, modificando algunos aspectos seguramente) hace a la poca defensa del inversor de la minoría ante políticas que cambian radicalmente las condiciones originales (como una fusión). Todo era simple antes, hoy se parece a una novela hasta lo más sencillo...

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