19 de noviembre 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

«A ver si viene uno que pueda pegarla...», una frase de Duhalde en reportaje hecho por Lanata, acuñando una variante de fórmula generalmente utilizada en el país de las últimas décadas. Agregó, de paso, que «tal vez con tres o cuatro presidentes más...», precisión que es como para estremecer al más pintado. Pero acaso haya que reconocerle un rasgo de realismo, que se contrapone a esos golpes de falsa euforia que se observa en el gobierno, cuando algo parece que no estuviera tan mal. La sensación del tener que «pegarla» para poder salir hacia adelante, se enhebra directamente en la asociación lógica de ideas, con una suerte de «tres tiros, veinte» y ver si hay alguno que le dé al muñeco y se lo saque. No parece enunciado apropiado para un estado de crisis que necesita bastante más que un iluminado por azar o por casualidad.

En fin, el reportaje seguramente estaba grabado antes de dar Duhalde otra de sus sorpresas, porque por allí y ante una pregunta sobre pagos, dejó entrever que se estaría anunciando aquello que nunca pasó: hacer frente al vencimiento de los u$s 805 millones. A tal punto resultó una sorpresa, que no hubo medio ni analista que previera esto, ni solamente a unas horas de conocerse la resolución. Y, una fecha antes hablábamos aquí de una Bolsa a la que nada ya le parecía sorpresivo, actuando en la tradicional idea de lo «descontado» en los precios, fuera cualquiera la noticia que llegaba sobre un asunto. Esta vez no, cayó como un piano desde la cúpula del recinto la novedad de lo resuelto por el gobierno ante el pago, y ese piano se destrozó sobre las plazas actuantes y que habían arrancado con impulsos alcistas. La aleación de ventas con fruición y velocidad, así como una merma de casi 3,5% en los índices, informó de esa realidad de un piano caído sobre las cabezas y las órdenes del recinto. Porque el monto se expandió algo más todavía, aun con cotizaciones que derrapaban feo.

Ya no sabemos sobre la rueda siguiente, la del viernes, al momento de estos «cupones», pero resultó toda una novedad encontrar al mercado absolutamente desprevenido y teniendo que volver del «descuento» que se había armado con una sola hipótesis: el país pagaba todo. Lo que siga pasa al terreno de la gran bruma, seguramente al compás de estos desacuerdos y de semejante jugada a fondo, con el Fondo. Una carta brava, quizá para ver si se fortalece políticamente el gobierno --co-mo desafiando al mundo acreedor y saliendo bien-o si aquí se viene una serie de malestares crecientes, en todas direcciones. Lo que se sabe es que la jugada no es gratis si sale mal; el jueves la Argentina era cabeza de toda noticia mundial de las principales agencias. «Default argentino, se niega a pagar u$s 805 millones adeudados...» Los textos no importan mucho; en tales casos, el mundo moderno y los inversores nerviosos se mueven a puros títulos, y estuvimos nuevamente con letra catástrofe. Pero la nota de color es ver que nuestra Bolsa...
todavía tiene rasgos humanos.

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