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Los acontecimientos aciagos de la debacle de la Bolsa en 1949, aquella leyenda de los suicidios, las bellas anécdotas sobre la solidaridad entre los agentes y utilizando todo el dinero disponible para salvar a los que habían quedado con «las suelas agujereadas, yendo al recinto a seguir trabajando y levantar el desastre»... Entrada al segundo mandato de Juan Perón, pasado ya lo más próspero del ciclo, un país que iría de mal en peor y para culminar con los aconteceres de 1955.
¿Vender acciones en esos tiempos? Con la gente y las heridas a flor de piel, con sociedades tambaleando, con sonados quiebres de firmas famosas. En verdad, esos cincuenta años que hoy festeja «Alvarez y Cía.» deben valer por bastante más y si fuera un índice «ponderado» -como el Merval- habría varias zonas pesando mucho, para darle alto valor a una firma que atravesó cinco décadas últimas de la Argentina.
Otro punto interesante es que posee la figura de la «sociedad de Bolsa», pero manteniendo el principio de la empresa familiar, donde el nombre de sus componentes y responsables va al frente. Y no uno de fantasía, o lo inmaterial de la sociedad institucional. Tradición que se fue perdiendo, la oficina del agente personal pagó caro precio a esas etapas de trituradoras en nuestra economía. Con lo cual, Raúl Alvarez podría ensayar una sonrisa, al ver que sus hijos continuaron un camino que iniciara en 1952, un noviembre como el de ahora... Pero de hace mucho. Conocimos a las dos generaciones, brindamos por todos ellos...




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