26 de noviembre 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Hoy, por la tarde, en el mismo ámbito de la entidad madre -la Bolsa de Comercio- estará festejando sus 50 años de actividad en el mercado la firma «Alvarez y Cía.», sociedad de Bolsa. Actualmente conducida por los hermanos Luis y Horacio Alvarez, fundada por quien fuera su padre, Raúl Alvarez, figura de amplia actuación hasta su fallecimiento y desempeñando, desde su fundación, la conducción de la eficiente Caja de Valores del sistema. Hablamos con cierta frecuencia con uno de los Alvarez, Luis, que en la actualidad está a cargo de la Secretaría del «Mercado de Valores de Buenos Aires». En verdad, nos hubiera gustado haber podido, en estos momentos de festejos del cincuentenario de vigencia de la sociedad, cruzar unas cuantas palabras con Raúl Alvarez. Hombre directo, conciso, muchas veces con gesto de fastidiado, si el interlocutor transitaba por terrenos poco idóneos. De aquellos a los que se llamaba como «poco diplomáticos», pero de los que se podía obtener una opinión sin recorrer cansados moldes. Y nos hubiera gustado escucharlo, frente a la pregunta de cómo resultaba el tiempo -1952- en que decidió entrar de lleno a la actividad de agente bursátil y los cambios, a favor y en contra, que pudiera marcar sobre lo actual. Para ubicar un poco el escenario, por si el piensa que antes era más fácil, el sistema venía de un par de años antes: donde se asistiera al peor quiebre de su historia.

Los acontecimientos aciagos de la debacle de la Bolsa en 1949, aquella leyenda de los suicidios, las bellas anécdotas sobre la solidaridad entre los agentes y utilizando todo el dinero disponible para salvar a los que habían quedado con «las suelas agujereadas, yendo al recinto a seguir trabajando y levantar el desastre»... Entrada al segundo mandato de Juan Perón, pasado ya lo más próspero del ciclo, un país que iría de mal en peor y para culminar con los aconteceres de 1955.


¿Vender acciones en esos tiempos? Con la gente y las heridas a flor de piel, con sociedades tambaleando, con sonados quiebres de firmas famosas. En verdad, esos cincuenta años que hoy festeja «Alvarez y Cía.» deben valer por bastante más y si fuera un índice «ponderado» -como el Merval- habría varias zonas pesando mucho, para darle alto valor a una firma que atravesó cinco décadas últimas de la Argentina.


Otro punto interesante es que posee la figura de la «sociedad de Bolsa», pero manteniendo el principio de la empresa
familiar, donde el nombre de sus componentes y responsables va al frente. Y no uno de fantasía, o lo inmaterial de la sociedad institucional. Tradición que se fue perdiendo, la oficina del agente personal pagó caro precio a esas etapas de trituradoras en nuestra economía. Con lo cual, Raúl Alvarez podría ensayar una sonrisa, al ver que sus hijos continuaron un camino que iniciara en 1952, un noviembre como el de ahora... Pero de hace mucho. Conocimos a las dos generaciones, brindamos por todos ellos...

Dejá tu comentario

Te puede interesar