27 de noviembre 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

El colega de este diario, Pablo Wende, realizó días pasados una nota acerca de la evolución de distintos activos durante el trajinado año, remarcando la singular mejoría que han venido teniendo las acciones, después de sufrir el primer impacto de la devaluación.

Por allí, queriendo reflejar la opinión de un operador del mercado, surge una reflexión del director de Cohen Sociedad de Bolsa, donde el agente ofrece su visión sobre el recorrido que han seguido los papeles privados, en estos últimos tiempos especialmente, y sugiere lo siguiente: «se está extrapolando la situación que puede tener la Argentina, cuando salga del default, aunque para eso faltan muchos meses...». Y en la conclusión aparece claro que el mercado estaría dando por hecho, situaciones que hoy en día no están claras en absoluto y que la función del consabido «adelanto», de los mercados de riesgo a cambios de contexto: se concreta, (en realidad se viene acentuando desde mitad de año) a bastantes meses vista, de que pudiera aparecer esa variante fundamental en la condición del país real.

En otros párrafos de la nota, Wende destaca que «al producirse una fuerte baja de las tasas, tanto en plazos fijos como en Lebac que licita el Central, y en un contexto de dólar planchado, los inversores encuentran en las acciones un buen vehículo para canalizar cierta porción de fondos que se encuentran sin destino».

Esto último está contando con cantidad de adhesiones, ya que la situación tasas-dólar se plantea nítida, pero es en los últimos tiempos y en la Bolsa donde la reacción se viene produciendo bastante antes. De todos modos, se pone de manifiesto que a tantos interlocutores consultados, se podrían hallar otras tantas supuestas argumentaciones. Y todo ello conlleva al único sendero de la toma de posiciones -para una élite selecta, no el gran público- a la que se nos ocurre sintetizar dentro del «mix»: como con alta proporción de capital, que está en ambas márgenes. Como sabiendo que el dólar no se habrá de mover, en tanto no aparezcan ciertas presiones -a las que contribuyen en el momento preciso- y se produce una suerte de «zona liberada» para jugar unos pesos en la Bolsa, con la chance de procurar ganar mucho en poco tiempo.

Otra argumentación, que tiene un cierto efecto sobre los ánimos, es que se pueden tomar los precios en dólares de los momentos del «uno a uno», y cuando la ficción estaba todavía en su apogeo, para considerar que los títulos están demasiado «baratos». Obviando que se trata de dos escenarios tan distintos, como de dos valuaciones que no pueden ser cotejadas, pero que otorga como cierto techo habilitado y un recorrido generoso para la recuperación. Cómo consumir esto de un país sin default, o con default, de empresas que no veían deudas multiplicadas -como después sucedió- es parte del juego. Hay que dejar sólo a los precios como
«argumento», para lograr el incentivo.

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