La sociedad, al menos en lo que hace a sus aspectos más públicos y notorios, parece seguir dispuesta a ignorar el problema principal que enfrentaremos y que puede ser la causa de nuestros nuevos desvelos, o la posibilidad de reencauzar -al menos, en parte- los desvíos que se han producido en estos años. Y es, simplemente, la cuestión política.
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¿Qué podemos inferir, al día de hoy, sobre la gobernabilidad de la Nación a unos pocos meses vista? Y es que de ello se desprende el todo. Para un empresario, la decisión de poner en marcha algún proyecto, o cajonearlo. Para el inversor, cierto mínimo de claridad para efectuar una proyección y diagramar su mapa del año. Para el común de los ciudadanos, estimar qué habrá de ser de su vida, nada menos... .
Pues bien, allí andamos, haciendo de algún caso resonante de homicidio el «leitmotiv» de los análisis periodísticos. O, si llegó el acuerdo con el Fondo y se podrá poner en ejecución una suba de tarifas. Lo otro, lo esencial, corre por vías subterráneas y ante la pregunta sobre ¿qué nos espera?, cualquier interlocutor muestra cara de: «Yo qué sé»... El año estará signado por esto, hay una enorme bisagra casi en el medio y lo que pueda abrir tal elemento, bien puede resultar la puesta a la esperanza, o la imagen de un abismo todavía más siniestro que el que debimos vivir. Esto tampoco parece poseer mucha identidad, cuando se tratan de encuestar especialistas en algunos temas, como la economía o las inversiones, y se mueven pronósticos en torno de un supuesto nivel del dólar, o si son más aconsejables los títulos públicos, o las acciones, en virtud de alguna tasa de interés implícita, o intuiciones de subas. Ciertamente, si se tratara de un país más serio, o más maduro después de los grandes sustos, correspondería una sola respuesta: «Según qué suceda con las elecciones»... Todo lo anterior es casi un jugar, como para no aburrirse, la Argentina ha dado sobradas muestras sobre que es verdad aquello de: «Siempre se puede estar un poco peor...». Y suponer, livianamente, que lo que venga debe ser mejor, es como creer que todo lo que viene detrás -cronológicamente- será rotulado de «progreso». Hemos retrocedido, muchos años en varios aspectos, no precisamente los que puedan caber en el resultado de una calculadora. Pero, que hace a una sociedad para que resulte mancomunada, unida en ciertos esfuerzos para evolucionar, o totalmente dispersas, anárquica en muchos aspectos. No es casualidad que se tenga la clara sensación de que los límites se han roto, que no hay marcos ni para los delitos, ni para la convivencia entre todos los ciudadanos. Robar bronces de casas, estatuas, iglesias, o lo que fuere, se toma ya como algo habitual. Lo único que debería variar es el tipo de elemento a robar, y así como la triste imagen de los «cartoneros» posee identidad oficial, instaurada, nada parece sorprender mucho. Pensar en cómo será el año, es un ejercicio de oráculos.
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