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Y el ritmo lo establece la volátil opinión, que emerge de los propios centros implicados, sobre: «guerra corta» vs. «guerra larga». El pedido de Bush a sus tesoreros, recabando algo así como una tercera parte de nuestra deuda solamente alimentó malas ondas para los operadores y esto se reflejó de una «sobrecompra» a una «sobreventa», dejando a los que se movieron en las dos direcciones y buscando actuar sobre la hora: la desagradable sorpresa de «perder yendo y perder viniendo» (lamentablemente, no se puede reproducir por recato, un viejo aserto bursátil que gustaba repetir el gran Walter Gysin, que grafica muy bien al que pierde comprando y después pierde vendiendo. Era algo así, como «lo agarra el monstruo de dos cabezas...». Quien se acuerde, se estará sonriendo ahora). Ayer, por eso lo dejamos como testimonio, teníamos que referirnos al repunte de aquel viernes: donde cada quien parecía repartirse el botín de la guerra, por anticipado. Informate más
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