Cambiando de rubro de manera drástica, en los últimos días de la pasada semana la demanda atacó sobre las posiciones de las empresas relacionadas con la construcción. Habiendo despuntado Polledo antes que las demás, con fantástico raid de aumentos tras aumentos, el viernes amaneció una plaza disecada -Caputo- y allí hubo que modificar muchas ruedas de un plumazo: para un salto gigante. Se acoplaba Juan Minetti, cemento, como que la primera oleada tomaba a las directamente relacionadas con la obra en sí, pero olvidando tubos y caños de plástico, elementos sanitarios, también de la «línea blanca», que resultan los efectos multiplicadores si ese renglón se pone de pie.
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Lo más vidrioso resultaban los argumentos, de donde sale lo que es por ahora un proyecto de hacer obras públicas con la respuesta en los balances siguientes de las sociedades. Pero así como la primera oleada impulsiva tomó hacia el segmento de los servicios, especulando con el aumento tarifario, ciertas expresiones del nuevo mandatario -reforzadas el domingo en reportaje de Lanata- respecto de abrir lo que parece «un proceso a las ganancias pasadas», congeló de golpe la búsqueda de esas acciones. El tema de la construcción suena a mediato, la respuesta fue inmediata, como si las empresas ya estuvieran trabajando unas y proveyendo las otras. Más todavía, como si el complicado financiamiento estuviera asegurado.
La vocación por elevar otro movimiento bursátil, contando con algún sector de cabeza de serie, tuvo un crecer del volumen negociado durante el viernes. El dato que resultó más valioso, por oposición al ruido y al show de los saltos de precios fastuosos en varias acciones de un rubro. Por encima de las intenciones alcistas se está ampliando una atmósfera de tensa expectativa, a través de diversos reportajes al presidente electo y que olvida un principio básico, en tren de cumplir con todo el periodismo: el que habla mucho, también se equivoca mucho. Hay temas en los que se ve incurso y de los que no sale con contundencia ni con claridad. Todavía prosigue con el latiguillo a cuestas de una suerte de «conspiración» en el sector financiero, mientras comienzan a lloverle los reclamos, de los que Lavagna fue apilando con su técnica del: «Después de abril, hablamos...». Mucha agenda por resolver, un ponerse de punta con varios frentes al unísono, todo esto está por encima de cualquier consideración eminentemente bursátil. Lo que se intenta por estos días no es otra cosa que tratar de ganarles a una tasa de interés más baja y a un dólar que se entonó algo. Pero con el tranquito corto de los que saben que hay que operar con un pie adentro del mercado y el otro afuera. Tememos que todavía no se entienda cuál es el rumbo que tomará el nuevo gobierno y qué tipo de soluciones buscará a los problemas. Por lo tanto, lo mejor es aguardar que se calce la banda presidencial el domingo y que se imponga de la atmósfera que impera a su alrededor.
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