Primer asunto para desatar, por el mismo que lo anudó: firma de un compromiso con el FMI, en enero, donde se hallaba la vuelta a las ejecuciones para morosos. En mayo, negativa a realizarlo y búsqueda de un «perdón», porque lo firmado no se va a cumplir. No parece una buena señal para todos los nudos que falta desatar y que vienen de arrastre en arrastre. Segunda señal (pasó como una nota de color), por vez primera en la historia: el acto de asunción de mando presidencial no se realizó en Casa de Gobierno, sino en el Congreso nacional. No interesa mucho el cambio físico de lugar, pero implica cortar una suerte de norma tácita, simbólica, que habilita para que futuros presidentes puedan querer ser también originales. Y si alguno desea reavivar lazos hispanos, proponer asumir el mando en el teatro Lola Membrives (para marcar un grotesco). En la Argentina continuamos saltando las vallas a simple voluntad del que detenta el poder en un momento, lo que nos hace totalmente impredecibles y faltos de continuidad soberana. En Inglaterra recién se plantea una cierta polémica acerca de si los jueces deben ir con sus pesadas pelucas y vestidos como en el siglo XVIII y no han tocado nada, de aspectos que hacen a los símbolos. Posiblemente no esté bien ninguna de las dos políticas, pero -en caso de elegir- nos parece preferible ser rigurosos en ceñirse a ciertas normas por el mundo y los habitantes conocidas que andar de mudanzas permanentes. Pequeñas grandes cuestiones, porque tanto se aplican en las que parecen anécdotas como en las que merecen un serio tratamiento y, más que nada: coherente. ¿Cuántas cláusulas de las firmadas serán, o no, respetadas de aquí en adelante? Otra muestra que dará para mucho roce, no solamente con empresarios residentes, sino con naciones como las del Grupo de los 7 (que nos dieron una mano para que el Fondo bajara su tesitura inflexible), derivará del controvertido tema de los aumentos tarifarios.
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Lavagna, siendo ministro de Duhalde enviaba al Congreso un proyecto para que el Ejecutivo -solamente- pudiera decidir sobre esos aumentos. Y que la Justicia, los amparos y todos esos obstáculos a los designios exclusivos de un presidente quedaran fuera de carrera. Pero arriba un nuevo gobernante y aparece reflotando la idea de revisar todo el pasado. Hurgar en los compromisos cumplidos o inclumplidos por las sociedades (lo que parece bien), pero también juzgando los niveles de utilidades obtenidos en una década, bajo concesiones y convenios otorgados oportunamente. Una idea distinta, seguramente, de lo prometido por Lavagna-Duhalde en su oportunidad. De ahí que el mercado estuviera reflejando un andar tan desparejo, con curvas y serruchos imprevistos, como consecuencia de que no se alcanzaba a poder definir en qué tipo de política nos va a introducir el nuevo elenco. La Bolsa completó un período preasunción, totalmente salida de madre: en verdad, una «huérfana» completa, sin tener madre alguna, desbordada por todos lados, como si fuera un inmenso río Salado, loco de atar... ¿Es lógico pedirle armonía a un mercado de riesgo que depende de hechos puntuales, proyecciones certeras, de los centros de poder político y económico? En absoluto. En todo caso, es un reclamo lícito, deseable, eso de encontrar una madre y una tendencia más o menos predecible. El derecho es: abstenerse. Informate más
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