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30 de mayo 2003 - 00:00

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Como el monólogo fue tan extenso, y en la improvisación de cualquiera siempre hay mucho material desechable, la mayoría nos quedamos con aquellas apreciaciones que más nos impactaron. La nota de
Si muchos con los que uno habla dicen que «Fidel no te cuenta lo malo de Cuba», la respuesta es: «¿Quién anda por el mundo contando las miserias de su país?». No es un ataque, es una pavada. Sin necesidad de ello, se podrían encontrar temas, de los muchos que abarcó (con gran versatilidad, digna de ser imitada por gobernantes nuestros, que apenas balbucean un par de ideas en lo político y de lo demás, ni jota), como para contradecirlo, si en vez de monólogo hiciera diálogos.

Pero «el día después de Castro» dejó nuevamente en claro que no hay modos de establecer conclusiones valiosas cuando dos argentinos confrontamos. Ni en Castro ni en nada. Y así como si se le ocurre apuntar que tal pensamiento de Fidel le pareció interesante, como para abordarlo, analizarlo, se puede encontrar con que le reclamen: «¿Qué querés, vivir como en Cuba?» La respuesta es: «No, no quiero vivir como en Cuba. Simplemente, quisiera poder dialogar acerca de algo que dijo».

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