2 de septiembre 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Dentro de una política económica que tomará, seguramente, un sentido dirigista acorde con lo que se enarbola desde la base ideológica, los BODEN concurren a un nuevo salvataje de la industria automotriz. Posiblemente, las razones que se pueden aducir pasen por el efecto multiplicador de ese sector. En tal caso, cabe preguntarse si no resulta la «construcción» una locomotora todavía más poderosa. Claro que, en tren de proporcionar muletas a las actividades que no consiguen el sustento por la natural reacción de su mercado, viene bien recordar que el Estado se hace un propio circuito con el permiso para que sus títulos de deuda concurran a comprar bienes como el automóvil. Porque su enorme participación impositiva en el precio final lo convierte en un socio del negocio que quiere remozar. La mano dada se reflejó en la Bolsa de estos días, con una suba final de agosto que vio a Renault evadida del resto opaco de especies, para marcarse con más de 5% de suba, obviamente, como efecto de esa medida de ayuda oficial al sector. De paso, le da realce a la paridad de esos títulos y metiendo mano también en esto el Estado al lanzar una noticia que modifica sustancialmente las condiciones de ciertos títulos y en desmedro, no solamente de otros, sino de todos aquellos que tuvieron la mala fortuna de haber vendido los papeles antes de una disposición que les otorga usos adicionales a las condiciones de emisión. Por de pronto, el viernes último negociaron por $ 20 millones esos BODEN 2012 -casi igual que todas las acciones juntas-, subiendo en un día 2,55% y para acumular en agosto casi 9% de mejoría (mientras la Bolsa, privada, perdía 5,6%).

Lo curioso es que venían subiendo bien, antes de salir a luz la noticia, como que algunos pícaros obraron en consecuencia al poseer antes el informe sobre que servirían para comprar automóviles. De lo contrario, piénselo bien: ¿a quién le puede servir un papelucho argentino por vencer en 2012?


Para 2012, vaya a saber qué se ha hecho de nuestro país, tan maltratado por cuanto gobierno viene asumiendo. Seguramente, no faltará algún político -o economista de turno- que eche culpas a la «pesada herencia» de los que empapelaron las cuentas públicas con BODEN. Que es la primera ley de todos los gobernantes, adjudicar al pasado la imposibilidad de arreglar el presente y el futuro. Hasta que viene otro que acusa al que se fue, trayendo otro librito debajo del brazo. De todos modos, remedando a Alsogaray, parece que el eslogan que cunde en estos días es el de: «Hay que pasar a setiembre...». Jugándose cuestiones políticas de consolidar poder a través de elecciones con apuesta presidencial. Y con esa tensa espera por lo del Fondo Monetario, para comprobar si es verdad que deberá tragarse un flor de sapo vivo -por presiones políticas que le lleguen desde arriba- o si rechazará los términos que se le proponen desde aquí. Dos vallas por saltar, o tropezar con ellas. Lo mejor parece ser esperar, con la mente fría.

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