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10 de octubre 2003 - 00:00

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Lo más curioso es el argumento, al que habrán estudiado legalmente y el entender que somos un país soberano, nos hace como impermeables a los juicios y embargos totales. Creíamos al revés, que por ser un país soberano, debíamos honrar los compromisos asumidos, llegando a negociaciones para sobrellevar las situaciones, pero sin amenazar a los acreedores.

Esas manifestaciones, que habrán dado la vuelta al mundo, están desafiando a que se concreten los juicios y los fallos contrarios: para después, poco menos que hacerles un corte de manga a los ganadores. ¿Será tan fácil repugnar ese paquetazo de deuda y que todo quede en la normalidad? ¿Se contentarán solamente con ganar esos litigios, así como así...? Sería bueno recordar que, antiguamente, antes de la doctrina Drago (después, Monroe), los europeos colocaban a sus flotas de guerra frente a los países que se ponían rebeldes con las deudas y amenazaban con la agresión bélica directa. Pero, nunca se puede suponer que la cuestión se extinga lo más campante.





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