24 de octubre 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Se dio como imaginamos: llegada al 900, notas de primera plana hablando de «récord histórico» en la Bolsa. También los noticiarios difundieron la caída del muro de Buenos Aires, después de once años, respondiendo al mismo esquema, y la reacción se vio en la rueda siguiente, donde, muy posiblemente, el ruido atrajo dinero fresco y actores todavía más frescos, para que sirvieran de esponja a un «enchufe» de dimensiones más que respetables. Unos $ 70 millones giraron para mover el índice poco más de 1%; las relaciones son indiscutibles acerca de una rueda llegando cientos de «osos» a invadir la campiña, para enfrentar a «toritos» que entraban dispuestos a participar de la fiesta de los récords. La rueda siguiente no la tenemos presente, esto se escribe el martes por la noche y cabía que se dieran dos posibilidades: A) que ante un fuerte movimiento de inyección de papeles, cubierto por otra suba, más compradores llegaran a expandir la esponja. Lo que depararía una rueda de «aquellas», con ritmo febril y un intercambio tremendo de papeles, quedando el resultado del Merval abierto a quien tuviera más energías. Unos de seguir «enchufando» o los otros de continuar absorbiendo. B) Que los «osos», después de la violenta incursión donde tomaron utilidades y descargaron grande, volvieran a sus bases y permitiendo que igualmente se pudiera mantener la línea alcista. Hasta otro descreme.

Será bueno analizar el resultado del miércoles a la luz de tales teorías. Para también tratar de indagar en qué estrategia se sitúa cada uno de los bandos.


Por otra parte, esto predispone a imaginar qué habrá de suceder cuando diarios, micrófonos, cámaras, se aglutinen para dar intenso ruido masivo a la llegada del Merval en 1.000. ¿Vieron cómo es esto? La Bolsa está, sólo falta
capital y marketing. El primero no se puede instrumentar, viene o no viene. Pero, a través de lo segundo, de una difusión amplia, es capaz de conseguirse una corriente extra que no estaba dentro del caudal natural del año. Como suele suceder, siempre y en cualquier mercado que entra en euforias, muchos van a pagar de más. Después, deberán esperar el arrugue para intentar recuperar en otras instancias. Recién para después de quebrar los 1.000 puntos, cuando se hagan materia habitual, se podrá encontrar un escenario dispuesto a depurar y separar los frutos maduros de los verdes todavía. Lo que se puede desear, como adictos al sistema bursátil, es que el movimiento se canalice bien y no llegue a producir traumatismos que vuelvan a espantar «toritos» y a los que no se vuelve a ver por nunca jamás. La tarea queda en manos de los profesionales y de los veteranos, a menos que se prefiera un mercado elitista, cerrado en sí mismo y que no incorpore gente nueva. ¿Si no es en esta zona de falta de alternativas, cuándo?

Propender a tranquilizar al entusiasta desbocado, cuidar al que trae sus ilusiones.
O venderles pescado...

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