27 de octubre 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Las leyes de oro del mercado bursátil siguen siendo inalterables. Y aun en un medio donde las leyes, inclusive algunas que parecían de oro, están siempre en lo condicional, en la Bolsa se continúan cumpliendo. La rueda aparentemente alcista del martes, pero que llevaba en su cuerpo una evidente avalancha vendedora delatada por la relación entre lo subido en el Merval y lo girado en órdenes para ello, deparó el castigo del miércoles. Donde la intención forzada de seguir hacia arriba después de los 900, jugando para ello tanta energía, posteriormente vio al Merval depositado en 891 puntos y dejando al descubierto una baja que fue de casi 2,5%, pagando la factura de la desprolijidad.

Recordamos que al llegar a 800 sucedió algo similar, hasta que la plaza entró en razones, consolidó los pisos y recién después se puso a caminar en firme. Pero está visto que así como ciertas leyes permanecen inalterables, el ser humano seguirá intentando vulnerarlas, acometer contra ellas aunque venga de experiencias continuadas al respecto.

Queda para el recuadro el giro de negocios del miércoles, con $80 millones limpios para acciones que, sumados a lo del martes, dan $ 150 millones en dos ruedas. El trasvasamiento de posiciones en el escalón de los 900 puntos resultó sumamente intenso, por lo que no se puede dudar demasiado del «fondo» de la tendencia. También da para pensar que si con tal volumen, el Merval perdió 2,5%, qué hubiera pasado ante un encogimiento de la demanda...

Sería conveniente, de paso, poder encontrar algunos cimientos de la realidad económica donde apoyar una estructura de subas continuadas que tal vez deba buscar asentarse en más
fundamentalismo y menos ilusiones. Por ahora, se han visto ruedas donde no surgían justamente novedades halagüeñas (enfrentamiento serio con empresas, pedido de Lavagna para ser un «César» completo) y la respuesta del mercado accionario pasó por continuar con su vida, como aislada de lo que sucede en el escenario. Esto, así planteado, da una sensación mucho mayor de estar jugán-dose a un recinto bursátil por carencia de alternativas antes que por convicciones sobre lo que auguran las señales. Quien diga que tiene bien en claro hacia dónde nos dirigen la política y las estrategias ensayadas o en qué se puede desembocar con ellas, se nos ocurre como un «lancero»: a ver si se da el pronóstico. De tal raza hay muchos, que vuelven a intentar detrás de cada premonición fallida, pero la situación que nos envuelve es tan confusa que sólo se hará camino al andar. Y un mercado, para lograr cimientos, debe apoyarse en una proyección racional y actuar con ciertos principios que pueden dar motivación a la tendencia. Aquello de '91/'92, donde estuvo el récord verdadero, poseía la creencia de un país que iría a la prosperidad; después, los excesos de mercado se tuvieron que pagar caro, pero puede afirmarse que las expectativas racionales eran distintas. Planes y rumbos se buscan.

Dejá tu comentario

Te puede interesar