29 de octubre 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Es una lástima que el ciclo recuperatorio accionario, que se viene verificando desde que el Merval tocó fondo en la era posdevaluación con los 317 puntos -de mayo de 2002-, se vaya deslizando por un pasillo cada vez más estrecho que deberá culminar, de modo inexorable, en una sobrevaluación de las especies líquidas a las que la mayoría acuda. Una aleación de mucho temor al riesgo, por el contexto que viene del pasado y que no se ha disipado, junto con un puñadito de plazas de gran actividad, no recibe oxigenación para que la demanda se diversifique de modo apropiado. Lo último conocido en materia de «productos» para ofrecer es la partida de Atanor del listado cotizante. Una pérdida gruesa, en función de lo que era como empresa y, también, por su pasado bursátil. Candidata a ser captadora de mayores negocios, a poder integrar cualquier tipo de cartera, pero que ya venía estrangulada en negocios -perdiendo su lugar en el Merval- por el barrido de acciones y la vocación de retiro que crecía en su directiva. Se van y no hay reemplazos. La concentración se acentúa y el encogimiento de especies en la nómina del Merval, hasta este número beneficioso para poseer un índice no tan amplio en acciones, en relación con las que actúan diariamente, no deberá llamar la atención si se ciñe todavía bastante más, porque, reza el articulado del indicador ponderado, lo integrarán las especies que cubren hasta 80% del volumen total que se realiza.

La preeminencia manifiesta de Grupo Galicia, Acíndar y Petrobrás, con un par más que pueden estar para la discusión, resumen esa condición de «liquidez» para el mercado porteño.Y es la condición que se privilegia por los que compran «grande» -imposible hacer posiciones fuertes en papeles de menor envergadura, porque se hace un cuello de botella y se termina por jugar contra el propio dinero-, pero, también, por los que compran «chico» y que no desean estar en una puerta tan capaz de abrirse como de cerrarse, al compás de la moda. Esto hará completar el circuito sin que la Bolsa, en su gran momento respecto de las alternativas, vuelva a ganar espacios en la calle. Las subas llegaron de modo notable; 2003 está a punto de ver duplicar lo invertido a principios de año, pero el
calor popular no acudirá a la cita.Y el acento permanente en un lote de especies ya muy transitadas deberá elevar los precios por encima -muy por encima- de un valor teórico que se les pueda otorgar. La «exuberancia», como ya se vio en 1992, rompe el saco; lo maduro cae naturalmente del «árbol bursátil», consumiendo movimientos de cierto lapso y que no llegan a consolidar una tendencia más suave, pero más extendida. Buen momento para forzar el ingreso de nuevas empresas -precisadas de capital, que no hay- con algún tipo de distingo a las que vienen a la oferta pública respecto de las que queden afuera. Claro que, ante las circunstancias y el discurso, esa diferenciación lógica sería mal tomada.

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