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Lo que cambió fue un hecho base del fundamentalismo: se salió de la varadura de órdenes, que impregnaba las paredes del recinto de aburrimiento peligroso, y hubo dos escalonamientos de agregado de órdenes puntuales de la demanda. El lunes quedó reflejado en los saltos de precios en Galicia y Acíndar, dos de las tres columnas del Merval actual, y como por aquel viejo «act of magic», de los ingleses definiendo a la Bolsa: el índice se puso a acariciar los «1.000» puntos nuevamente cuando un par de tardes atrás, estaba viendo de cerca cómo tomarse de la cornisa de los «900» puntos.
Una zona, una franja de indecisiones y dudas que asaltaron, y que tanto podía haber roto lanzas hacia arriba, como hacia abajo. Por fortuna para los que siguieron firmes en la vocación de cumbre, pareció quebrar la monotonía el flanco de los «toros» y subiendo la intensidad a unos
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