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En esa política de dividir para reinar, o de gobernar para atender reclamos de unos, y no de otros, lo que queda de este período que los gobernantes elegidos cubrieron como tiempo de precalentamiento -para iniciar el verdadero período que les toca- sin los peligrosos perfiles de enfrentar segmentos sociales, de recrear antinomias, o de estar cultivando un germen de rencores (actuales y viniendo del pasado) que no parece muy conducente, para un país que se fragmentó con la crisis y que no logra restablecer la voluntad de ir todos juntos en la misma dirección. Y no se tuerce el camino, sino que se acentúan esos rasgos de «buenos» y «malos», responsables supuestos de la decadencia e inocentes víctimas de ella. Informate más
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