Fue muy sugestivo el apagarse del mercado bursátil, en ruedas pasadas, al que se pudiera ver -siendo considerados-como «amesetado», esperando, sentados los operadores sobre sus posiciones y envueltos en cierta nebulosa que va cubriendo al país en general.
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Vistos como cabos dispersos, no parecieran existir males mayores, pero al reunirlos y armar un «puzzle» de la actual gestión se observa un permanente discurso de martilleo sobre los mismos conceptos de parte de la máxima autoridad, en tanto se han generado amplios vacíos en derredor de los actos de gobierno y la política que, férreamente, se quiere seguir llevando adelante.
El querer pasar una cosa por la otra, en cada nueva gestión realizada en esa gira solicitando apoyos, ya tuvo un primer papelón en lo que se contó primero sobre la visita realizada a España (siendo el propio Aznar el encargado de enviar un claro mensaje posterior). Y una segunda y muy próxima versión, en lo que se quiso vender como estrategia conjunta con Brasil, por la deuda. Se supo lo de Lula con Bush y el presidente norteamericano apenas «escuchó con simpatía» la sugerencia del presidente brasileño. Y, posteriormente, un vocero brasileño asegurando que la deuda no podía ser discutida en conjunto, porque «son muy distintas las de la Argentina y Brasil». Tironeos por pedidos de aumentos de toda índole y un amanecer inflacionario al que no se le quiere dar importancia -emitiendo las siempre dudosas estadísticas oficiales, que difieren de la sensación térmica-, más amenazas directas (como a las petroleras, sobre aumentar retenciones o colocar precios controlados).
Se puede seguir listando esa serie de eslabones sueltos, capaces de forjar la cadena que ha comenzado a atar a la propia tendencia bursátil: jubiloso termómetro de todo 2003. La deserción de tomadores, con dinero salido que no ha podido ser reemplazado, resultó el primer síntoma. Una palidez en las evoluciones de precios se fue acentuando después. Es ese amesetarse, pero con perfil bajista en su trasfondo y dependiendo de la buena voluntad de la oferta, para no generar brechas mayores. Se puede encontrar en la faltade atracción por nuevos techos del Merval un argumento digerible e intrínseco. Aunque conviene agregarle que el chocolate está cada vez más espeso en el exterior respecto de la porfiada posición asumida y que no ayuda a armar soluciones. El reemplazo en la conducción del FMI resultó el postre, por quién es que ha asumido, pero con el menú ya era suficiente. Y a Kirchner no le quedó más que ratificarse en las posiciones, porque se cerró solo las alternativas que un político sagaz suele no bloquear. Tanto se insistió con la idea inflexible, que cualquier negociación irá ahora en contra de la imagen que se quiso formar. Porque se tendrá que explicar un cambio sobre posiciones que se pregonaron irreductibles.
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