A todo se acostumbra uno. Y en el trance de correrse la voz acerca de que la decisión era la de «no pagar», hasta la noche del lunes, inmediatamente surgían tranquilizantes verbales en diversos medios, diciendo que: « Bueno, no es la primera vez que se cae en default...». Y, además, «que por año existen decenas de casos de países que se atrasan». Los más cautos reconocían que la cuerda se está tensando y que, cuando se salta una valla, como la de ahora, la siguiente viene costando un poco más: remitiendo el problema a siguientes instancias, de mitad de año. En el ámbito bursátil, y la rueda de ese día lo había marcado, no cundía tampoco la desesperación: en general, se pensaba que después de algunos días se llegaría a un acuerdo, levantando el estado de incumplimiento. La pregunta de fondo sigue siendo la misma, ninguna de las muchas opiniones consultadas dio respuesta concreta: ¿a qué punto nos lleva el camino que se sigue? Sucede que antes de pensar en un punto de mínima, el desagradable, se prefiere opinar sobre el hecho de coyuntura y hacer como las autoridades: ver qué trae el devenir de la historia.
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Tal parece que ya muchos se han acomodado a la idea de seguir como se viene, antes que imaginar esquemas que ayuden a devolvernos a una vida nacional normalizada. En realidad, también parece expandirse la idea de que esto de la actualidad es haber vuelto a la normalidad. El riesgo-país nuestro, respecto del resto, lo desmiente.
Al momento de escribir estos cupones, la carta parecía estar echada. Sólo faltaba saber cuál sería el cruce de nuevas declaraciones entre la titular del FMI y de nuestros gobernantes. Sin faltar la de algunos gobiernos extranjeros. Habrá que extraer de allí nueva fuente para conclusiones, en tanto la vida bursátil prosigue y sin saber muy bien a qué atenerse en concreto; simplemente, al propio pálpito de los participantes. No pertenece la etapa a una llamada «zona muerta» de los gráficos, y la tendencia, más bien, a una «zona viva» en manifestaciones y derivados. Pero, de paso, se pierde el rastro del escenario local y que revive épocas lejanas de cuando los virus inflacionarios se fueron instalando. Lo increíble es haber visto al ex jefe de Gabinete de Duhalde declarar muy suelto de cuerpo que « todos los países tienen un poco de inflación». Y agregar algo así como: «Al aumento de precios se le contesta con cierto aumento de salarios...». Una receta del nuevo milenio, que sería la única que nos falta para complicarlo todo. Darle nuevamente carta de residencia a la inflación, que primero suele pasar casi inadvertida, deslizándose en la sociedad, para afirmarse y ya nunca volver a irse, sino, a crecer. Es un país que está como un revuelto de lentejas, hasta se cambian de rango los objetivos y se dan como por amistosos los genes de la destrucción. La Bolsa hace lo que puede. Porque, la verdad...
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