Se dice que existe una veintena de sociedades de capital cerrado, con interés creciente en participar de la oferta pública. Ojalá sea cierto, pensamos, resultaría una excelente inyección para el olvidado mercado bursátil, el ingreso de compañías. Posiblemente no se trata de nombres de gran envergadura, sino de la franja de las medianas: pero, acaso es mejor para una plaza altamente concentrada en media docena de nombres, que se produzca una dispersión y cantidad de nuevas firmas y rubros, antes que el arribo de uno o dos nombres gigantes. Claro que del dicho al hecho, hay en asunto tan delicado -como lo es ofertar públicamente-un trecho mucho mayor que la simple voluntad de una sociedad en venir a la Bolsa: y de los organismos de control en autorizarla a cotizar. La ansiedad puede ser mala consejera si no es filtrada desde el raciocinio y para ver -en detallequién es el que desea entrar. Y en qué condiciones de su estructura lo desea concretar. Endeudadas con desesperación, que solamente desean hacerse de algún capital en la colocación inicial: no sirven. Sociedades que estén muy dudosas en sus ratios y en su capacidad para generar utilidades: tampoco. El tema es que respondan a los principios básicos, al espíritu de la oferta pública: no para salvar situaciones de angustia, sino para progresar, expandirse, ampliar su base de socios y proporcionarles utilidad genuina. Para esto, deberán estar muy atentas las autoridades de CNV y de Bolsa de Comercio. Siempre partiendo de la base de esa intención, de una cantidad de firmas buscando la excelente fuente de recursos que proporciona una Bolsa.
• Si es por el simple segmento de las que se engloban por «cotización solicitada», no es para ilusionarse demasiado. En casi toda época hubo nóminas de empresas con algún trámite iniciado y que después lo dejan en el congelador y nunca aparecen a cotizar. Es que, hay demasiados pícaros -para ser benevolentes en el término-en el parque empresarial; y comienzan a realizar trámites con un mercado en pleno auge y al que ven muy esponjoso para absorber activos nuevos, inclusive sobrevaluados. Si todo se comienza a tranquilizar, las inquietudes desaparecen y se abandonan las solicitudes. Esto ya denota que era sólo la búsqueda de sacar partido de una ocasión, no de ingresar a la Bolsa para formar parte de la vida activa. Y si se repasan con detenimiento muchos de los nombres ingresados en estos años, se podrá comprobar que, tras esa oferta pública inicial, dejaron el papel inerte en el papel de cotización. El nuestro es un medio difícil, para lo bursátil todavía más -porque se busca capital de terceros, minoritarioy el inversor solamente puede resguardarse en la actitud rigurosa, que apliquen los organismos que deben velar por ellos. En consecuencia: que vengan muchas, o pocas, pero que vengan las serias.
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