2 de agosto 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Con un gabinete económico que tiene atrapadas las estadísticas, que se hacen cada vez más vaporosas y escasamente confiables, y una posición que vuelve a ser desafiante ante reclamos diversos (en especial, del exterior) se agotó un julio que mostró en el flanco del mercado de qué modo se le notan las costillas. Ya perdido el músculo que podía quedar, algunas marcas del pasado mes fueron para que a los operadores no los uniera la tendencia sino el espanto. A pesar de ello, se salió adelante en cuanto a mover el índice de cotizaciones ponderadas, al que no cuesta mucho hacer que haga «monedas» a voluntad, donde se coloquen cuatro pesos con destino bien planteado del blanco a impactar. Buena parte del total mensual fue marcado en la rueda final, contando con una base exigua de no más de $ 20 millones de efectivo. Esos seis millones y pico -de dólares- lucieron brillantes si se consideran aquellas fechas repetidas donde se cayó a zona de no más de cuatro millones de dólares. Hablar en tal moneda, parece costumbre que se quiere desechar para ciertas cuestiones del país, aunque en otras -como el precio de las propiedades- prosigue de rigurosa actualidad. No puede entenderse cómo se habla en pesos y se lo utiliza inclusive en cotejos, cuando la época del «uno a uno» está todavía fresca. Debemos en dólares, recaudamos en pesos, esto último crea una imagen de cifras explosivas: que es buena marketinera. Preferimos, para nunca perder de vista la idea de lo alto y de lo bajo, y dentro de un mercado que está dentro de la globalización, traducir lo que se realiza a moneda fuerte. Y es donde aparecen las peores sensaciones, de un mercado que está varado, casi en dique seco, con un Merval que pugna por volver a los 1.000 puntos: pero que está solamente en los 300 puntos y algo más, de un recorrido de una década: donde los índices respondían también a la convertibilidad, y los pesos eran dólares, uno a uno.

Por una parte, flaco favor para medir la realización en negocios de la plaza de Buenos Aires. Por el otro, le hace peor mencionar de modo permanente al indicador en puntospesos, porque pasarlo a dólares podría generar alguna sensación de mercado «bajo» -al menos, desde la subjetividad de haberlo tenido mucho más alto- y que pudiera cazar algún comprador que se tiente. El índice en 990 es una impresión, el de 330 es otra: aunque resultan lo mismo. Pero, en fin... sobre usos y costumbres no vamos a intentar demasiado y cuando en Wall Street todavía mencionan los puntos nominales, reacios a manejar porcentuales. Si esto resultara el problema, qué sencillo sería resolverlo, pero no lo es en absoluto y hay que estar prevenidos de que ingresamos a una zona del año, donde se van uniendo definiciones de munición gruesa en el país. Una Argentina donde lo utópico, lo imposible, no existe desde hace bastante y cuando podremos encontrar gran acierto. O un desastre.

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