31 de agosto 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Surgieron novedades acerca del debut de un nuevo índice, partiendo de la gente del Merval. Y hace un lapso bastante extenso que habíamos cantado una sana intentona por generar otro tipo de indicador, que -gradualmente- pudiera prender tanto como el otro y llegar a reemplazarlo, ordenadamente. Sucede que no hay plena conformidad con el sistema al que está ceñido el Merval, ponderando por volumen hasta arribar a 80% de los negocios resumido dentro de sus listadas, y está bien si es que esto ha promovido el lanzamiento de un nuevo prototipo: que sea superior al otro. Pero la cuestión no es tan sencilla como uno desearía y tampoco resultará aquello por lo cual predicamos: que es, liso y llano, un indicador que contenga una cantidad razonable de acciones fijas. Y que no solamente estén en la nómina, por los negocios que producen en la plaza. Condimentos que debieran contener una serie de condiciones, inclusive la diversidad de rubros, y una vez puesto a rodar: el volumen se va generando solo, por el hecho de participar en el indicador mayor del mercado. Esto se ve a menudo cuando uno entra, o sale del Merval, encendiendo o apagando su plaza. Pero imaginemos que el nuevo índice que se estudia debe estar basamentado en el esquema Merval, pero variando ciertas pautas que impida el recambio de nombres fulminantes. Es lo que creemos, de ahí a que vaya a hacerse media toda la disquisición en el seno de la entidad que lo promoverá.

Ya existieron reuniones, presentando el modelo a los agentes bursátiles, como para encontrar diversas opiniones, apoyos, o disidencias. Con tal de ir limando y acomodando aquello que llevará la no sencilla misión, de poder llegar a desplazar al Merval tradicional. Respecto de su puesta en práctica, no lo creemos inminente: porque en la presentación efectuada existieron, según sabemos, algunas opiniones en contra de ciertos puntos. Objeciones que deberán canalizarse, hasta redondear el sistema y que sea con el consentimiento previo de quienes deberán transarlo.

Alguien dirá: «Bueno, estamos llenos de índices, pero con un mercado cada vez más seco en plata...», no habría demasiado argumento para destruir el razonamiento. Pero, mientras no hay ocasión de estar con grandes negocios, puede que resulte valioso modificar la casa y los instrumentos. Lo del volumen no atraviesa la simple intención voluntaria de modificarlo, lo que no viene es porque no observa que sea la alternativa apropiada. Y contra eso, no hay mucho que hacerle. Cuando puedan variar las «expectativas racionales» -uno se ganó un Nobel por haberlas encasillado- el mercado dará el vuelco.Y, quizás, no habrá tiempo para pensar en mejorar instrumentos. Debemos esperar y ver que aparece.

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