6 de septiembre 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Volvimos a las profundidades de volúmenes de lo peor de agosto, dentro del buen inicio en precios de setiembre. Otra imagen de lo inarmónico que está el sistema, pero -también- de la facilitad que puede existir para gobernarlo. Esta realidad les quita legitimidad a los movimientos, aunque estén en la legalidad. Y la fácil inducción sobre las cotizaciones, hacia cualquiera de las bandas, pone de relieve la característica de un año que fue de todo, menos, confiable.

El factor importante, la confianza hacia adónde marchan las cosas, es un bien que solamente se ha presentado en pequeñas dosis, y otras veces fue reemplazado por impulsos o entusiasmos temporales desmedidos. Pero, sin la confianza necesaria, el capital de riesgo necesario no habrá de acercarse siquiera. Y ya tememos por aquellas nuevas especies que iban a ingresar y que deben estar sopesando la posibilidad de éxito, o de fracaso, que les deparará su inclusión. Sin capital, todo puede funcionar solamente de modo precario. Y en esto, la Bolsa también es un espejo de la realidad que la circunda, donde los recalcitrantes que desean incrementar el bienestar general suponen que lo podrán hacer espantando al capital. Y aparecen estrategias superfluas, planes que solamente se apoyarían en el Estado protector.
  
El inicio de setiembre, con esa rueda que se movió bien arriba mediante algunas del Burcap, pero que se vio desflecada en órdenes, representan bien la estampa del mercado de 2004. Un recinto para entretenerse todos los días y no perder la costumbre, pero que no atrapa más allá de lo imprescindible.

Pensamos: qué llevará en su maletín de regreso este flamante titular del FMI que tuvo ocasión de asistir a una violencia puesta en escena, en las calles, y a los singulares conceptos de gobernantes que atropellan a todo lo que se mueve. Mientras algún fantasma del viejo pasado procura algún protagonismo instalando la idea conspirativa «de la derecha». Todo el sainete nacional que va hacia un embudo incomprensible está patentizado en una plaza bursátil que abre todos los días con el resultado: condicional.


Los temas pendientes que se siguen caldeando, con actitudes que los encrespan más, ya no prometen que encontrarán soluciones benignas en corto plazo. Y si esto es así, creemos que el ejercicio 2004 ya está perdido para poder encontrar la tendencia: una tendencia, no necesariamente la alcista, pero una que pueda recorrer una dirección definida. Y si no hay confianza, no habrá tendencia, sin tendencia no existe un mercado bursátil: solamente un intercambio de papeles, con precio de días.Y oscuridad después.

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