10 de septiembre 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Hay que devolverles unos $ 13 millones a los consumidores que salieron ganadores, en esa «tómbola» en que se convirtió la utilización de energía doméstica en nuestro país. ¿De dónde habrá de salir ese premio jugoso? ¿De las propias sociedades vendedoras del servicio? ¿De algún fondo estatal de compensación? No, de aplicarles un aumento a las tarifas de grandes comercios y de industrias. Con lo cual, como en el viejo y querido «Don Pirulero», los que reciben el regio regalo de pagar el premio de los otros ¿usted cree que se lo digerirán sobriamente? No, ese aumento se cargará en los costos, los costos mayores irán a precios finales. Y de qué modo cerrará la nueva historieta: en que aquellos alegres premiados con la devolución, lo tendrán que entregar -con creces y debidas costas- a través de los aumentos de los bienes que consumen. Otra jugarreta para engañar a las leyes económicas, como en el caso del aumento docente con la suba de cuotas en los colegios, seguirá funcionando mientras la masa no se enoje al darse cuenta, o tarde un poco más en advertirlo. Si no lo advierte de una, hay un buen despertador que sonará puntualmente: se llama inflación. Se llama recorte de poder adquisitivo, se llama aumentos de sueldos que se evaporan y dejan al agraciado peor que antes. Para que tenga que volver a pedir. Y sí...

Todo se va conformando como para que nos vayamos instalando, gradualmente, sobre una verdadera bomba inflacionaria, y sólo es cuestión de tiempo. El único componente que nos falta, dentro del «revival» de los '70 a que se está asistiendo, para tener el escenario completo. De modo entusiasta se continúan aportando elementos para culminar de armar el artefacto y que el reloj comience el « tictac» inexorable. Conviene repetir que, dentro de los balances llegados a la Bolsa, el asunto del
aumento de costos ha pasado a primer plano, suplantando a la crisis de energía y a otra problemática. El aumento de costos, el incremento superior de los precios mayoristas sobre los minoristas -aunque sólo tomen primer plano los primeros- y que son como el barómetro: no dice que llueve, pero anuncia que va a llover. La crisis, el epicentro, el drama vivido, nos había puesto alertas, densos. Ahora, es como que ha entrado nuevamente la anestesia, el narcótico de una llanura verde que actúa de sedante. Y estamos nuevamente en la mala posición de poder recibir un directo a la mandíbula, con guardia baja. La evidencia de cuestiones que se siguen postergando, como las tarifas, y que deberán acrecentar esa suba de costos resultará uno de los componentes finales, del artefacto que se sigue gestando. Como en los versos de Becquer: «La senda estrecha, inevitable el choque. No pudo ser...».

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