13 de septiembre 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Un suave aterrizar sobre la cumbre de los 100 puntos, precedida de un testeo previo que mostró a la demanda como asegurando el paso, para no volver a rebotar contra un techo. Suavecito, sin precipitación, colocando primero algo más de fuego en la caldera de las órdenes, ayudado todo esto por vendedores que se hicieron aliados temporales y no molestaron con tomas de utilidad demasiado profundas. Salvo, en esa jornada donde hablamos de «barrido despejando el área», que fue la necesaria para encontrar un viernes apacible y donde el Merval cerró en 1.002 puntos. Ahora bien, si es por argumentaciones a la vista, ciertamente que sería muy difícil de explicar el ataque a los cuatro dígitos con tal clima de bonanza. Que sepamos, nada ha variado para mejor, en lo que hace a los grandes temas pendientes en nuestro medio. Hasta el amigo Lula ya los sermonea, con el tema de no tener inversiones por el default. Pero queda la carta tapada: la condición de «anticipo» que se le adjudica a la inversión bursátil de toda la vida. En tal caso, no necesita el mercado justificarse en el presente, podría decir que apuesta a futuro. Lo que nos introduce en un jardín mayor todavía, porque es difícil imaginar a qué motivación favorable, de fuste, puede estar adelantándose la plaza bursátil.

A quien diga que es «porque no hay alternativas de inversión» le responderíamos que en los muy malos momentos del mercado -hasta hace muy poco- tampoco las había y la plaza se derretía sola. No puede provenir de tan gastado argumento el tironeo de demanda, que se unió a una sugestiva calma de la oferta.

El asunto es que la teoría del «adelanto» es como un cheque que se entrega «en descubierto» y que hay que cubrir en un tiempo razonable. Si el cheque no tiene fondos a la vista, se cae en otra desilusión, en otro movimiento que se esfuma tan velozmente como apareció. Pero como también ha crecido en volumen el mercado, más allá de haberse superado en el índice: no se le puede negar ese crédito, que le pertenece por naturaleza. La intriga es tratar de intuir de qué se trata lo que aparezca, como meteoro a favor, o prevenir que no existirá nada cubriendo el cheque de la suba inicial y ponerse los cascos en la trinchera.


Setiembre vino a colocar un poco de pimienta a un desempeño bursátil que daba por la siesta perpetua, para la desazón de ver días iguales cada vez, con altibajos precarios y correcciones previsibles. Se le debe dar el mérito que merece al encastrado de las ruedas, al buen manejo para volver a 1.000 puntos. Pero, en todo caso, parafraseando lo famoso: dad al mercado lo que es del mercado. No más que eso.

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