4 de enero 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

En términos redondos, diciembre salvó la utilidad de 50% del año, llevando al Merval a un rendimiento que nuevamente fue muy apreciado, porque se provenía del excepcional camino de 2003, y subir una cuesta arriba de otra que era muy empinada implica un esfuerzo bastante mayor que cuando se parte desde la planicie o debajo de la línea de flotación. Diciembre contuvo sus secuencias extrañas, hasta que se pudo soltar -por decirlo de algún modo- y tomando confianza en la segunda mitad, desplegó energías para la suba que no era muy sencillo adivinarle. La faena fue realizada, la estadística quedó impresa y es lo que vale, el mercado se prepara para una etapa veraniega que dependerá en mucho del volumen disponible. Hasta qué punto el aporte de capital local no se verá afectado por la emigración masiva hacia las vacaciones, un dato importante ahora cuando ya no se trata de rematar un ejercicio.

Suponemos que no resultará tan sencillo seguir avanzando en el índice, contando con escasez de fondos, por más que la oferta vuelve a resultar una circunstancial aliada y sosteniendo posiciones, a la espera de lo que provenga del entuerto del canje de la deuda. Con esto podría atravesarse cierta zona inicial sin mucho sobresalto, habida cuenta de que una expectativa puede, muchas veces, reemplazar el poder del efectivo. Solamente con contar con vendedores que se nieguen a dar partidas importantes, la mitad de la carrera estaría ganada hasta esperar los resultados del canje. Después, Dios proveerá. Pero, con la cierta habilidad demostrada con varios hechos de 2004, para mantener siempre alguna expectativa en la opinión pública (mejor, ni recordar el show con los chinos), podría ser que salga de la galera oficial algún conejo oportuno para reemplazar al gran conejo de la deuda.

De todas formas, el canje resulta un hito presente y que marcará mucho del futuro no sólo económico, sino político. Más de algún funcionario puede despertarse sobresaltado, si se le cruza la pesadilla de que el porcentual conseguido no resulte el que se quiere estimar. Todo está encadenado como palitos de bowling y un clásico «efecto dominó» sobre todos los eslabones -donde la Bolsa es apenas uno pequeño- de la estructura nacional. No nos gusta regodearnos con el final feliz, que es lo más atractivo para la mente. Pero nos cuesta en demasía escenificar el terreno que se presente y todos los efectos encadenados que podría traer un operativo canje que no reúna los adherentes que sean digeribles para quienes vigilarán celosamente que se cumpla con lo advertido. ¿Qué pasará con el acuerdo del FMI? ¿Cómo se reflejará en el tipo de cambio? ¿Y de la Bolsa, que será...? Mejor no pensar.

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