30 de marzo 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

¿Cuánto puede estar el Merval a fin de año?... tan difícil de pronosticar, con algún rastro de seriedad, como cuando se estima la inflación anual en medio del candengue de un primer trimestre donde -con poco más- casi reingresamos en un control de precios. Y cuando se sabe que todavía falta llegar a un acuerdo por nuevas tarifas, sumado a más empresas que acaso arriben a un techo productivo y que no tienen en marcha ningún plan de expansión (y, si lo tenían, acaso lo pospusieron frente al modo en que los frentes de tormenta se han venido sumando). De última, una pregunta lógica del empresario podría ser: ¿para qué imaginar más producción, si me dicen que la energía puede presentar otro cuello de botella? A pesar del revoltijo de variables que están flotando en torno de nuestra economía -también, hasta el costo del dinero- en el futuro hay quienes no pueden vivir sin arrojar algún pronóstico: después, si esto no se produce, se echará culpas a alguno de los elementos y, ágilmente, se corregirán los estimados. Total, el mundo gira igual. Es tan poco serio lanzar un estimado del Merval para diciembre -encima, con elecciones en el medio- como proseguir con supuestas marcas de inflación al cabo de este ejercicio.

Pontificar sobre cualquier asunto que se vincule al futuro, en un medio como el nuestro, casi suena a una muestra de liviandad y desparpajo. Y si se quiere realizar dentro de un marco sensato, habría que colocar tantas llamadas al pie de la cifra (que digan: «salvo, en caso de que»...) que se constituiría en un número arriesgado tan sólido, como lo es seleccionar un ambo para la quiniela.
 
Sin embargo, habiendo tanto profeta, seguramente que a una parte de nuestra sociedad le debe importar mucho que le adivinen el futuro. Acaso, y es también una posibilidad, para tomar recaudos justamente en contra de aquello que le pronostican. Que no hubiera sido una mala forma de acertar tendencias y políticas, dentro de nuestro controvertido pasado nacional. Casi, el viejo principio bursátil del: «comprar cuando todos venden» y a la inversa. Que suena sencillo como fórmula, aunque muchas veces es tan difícil de lograr porque no se acierta con el punto adecuado para entrar, o salir. Todo mercado que cae fuerte, es porque posee una razón detrás. Y cuando trepa de manera notable, también hay un estímulo poderoso. Muchas veces, por jugar la contraria es cuando al osado se lo llevan puesto.

De cualquier forma, nos permitimos estar entre los que se permiten dudar absolutamente, de los pronósticos realizados cuando las variables están bullendo y no hay lineamientos a la vista para poder asirse. ¿Qué harán los gobernantes si se produce esto, o aquello otro? Quién lo sabe. En el país de la improvisación sobre la marcha, no hay jugada preparada que valga.


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