21 de abril 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Queda claro que no se está en el mejor de los lugares y en el mejor de los momentos; baste repasar la buena síntesis en tapa que dio Ambito el pasado lunes. Hay problemas, amenazas de tormentas en ciernes y en frentes diversos. En algunos casos, asociadas a turbulencias formadas en el exterior, como el reciclaje de capital flotante en busca del bono americano, en la mayoría correspondiente a una severa etapa de indefiniciones en el país. Y a lo que se suma aquello que dimos en llamar el «caos intelectual», eso es: la aparición de supuestas soluciones -y cada uno parece poseer la pócima mágica- de modo heterogéneo, deshilachado. No se les cae una idea brillante a los de arriba, tampoco surgen necesarios líderes intelectuales que sepan marcar de manera razonable un posible camino. La expresión «medida de fuerza» cubre buena parte del tiempo de los canales de noticias, por provincia, por localidad, hasta por fábrica. Se aquietan unos sectores, aparecen otros, ya formalizada la cartera por no quedarse atrás respecto de lo que lograron otros sindicatos. Ideas que parecen lejanas, pero que se acarician dulcemente, como promover una desafiliación del FMI, suenan todavía a muy improbables; pero el modo recurrente con que se inyecta en la opinión pública no es una señal tranquilizadora. Por más que a nadie le expliquen las derivaciones de tal determinación, nada se puede dejar por descartado cuando los golpes de efecto sobre la masa resultan complementos habituales del modo de gobernar. La gente del Fondo y adyacencias tampoco parecen tener un patrimonio amplio de coherencia en lo que dicen y desdicen, en lo que presionan y aflojan, sin que se pueda establecer qué tipo de medicina irán a aplicar para el caso argentino. Que es... todo un caso, claro.
 
Si hay ya efectos a la vista, como una cierta merma de consumo y una liquidez que se adelgaza, esto no es un aspecto favorable al mercado de riesgo. Tal como se barren fichas de todos los tableros bursátiles en el mundo, cuando la aspiradora del Norte llama con sus tasas, para la escasez natural que nos atañe esa astringencia puede transportarnos nuevamente a la imagen del mercadito liliputiense, que debate su tendencia contando los harapos. Una zona que no por inusual en nuestra entrecortada historia, deja de generar la inquietud lógica de tener que soportar una época de órdenes flacas. A la plaza ya se la ha visto percudida por demás, con un índice que hasta volvió a ver de cerca un piso de 1.200 puntos, ampliamente dejado atrás dentro del cuatrimestre que se opera. Volver atrás, pagar varias veces el mismo terreno que se recorrió, esa sensación de no tener ningún estímulo capaz de sacudir la sangre del mercado. Postal indeseada.

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